miércoles, 25 de diciembre de 2024

taller escritura 2025 Caballito 49034485

 30 años fumando como un escuerzo

me han dejado francamente a la miseria:
se me caen los dientes, el alma, el escarabajo
ademàs de chupar alcohol como un condenado
yo que era un deportista consumado (a los 16 años habìa
hecho todos o casi todos los deportes
habidos y por haber, seria largo de enumerar y ademàs no viene
al caso)

30 años fumando un cigarrillo atràs del otro:
no me sirviò para nada y ademàs me hizo bolsa
ademàs de gastar un montòn de guita al pedo, al
divino botòn.

30 años fumando atados de 10 20 fasos por dìa, fácil:
no te quiero mentir, quiero ser sincero:
para hablar con franqueza, la època lo amerita:
todo el mundo fumaba en todas partes, todo el tiempo,
echabas humo, hacìas blancas aureolas en el aire
como otros hacìan grandes globos con sus chicles rosados
como la aurora homèrica.

Nada de adjetivos: todo aquello (el tabaquismo, vamos) me trajo toda clase
de problemas de toda ìndole, debido al mal aliento y al olor que se desprendìa de mi
cuerpo y mis ropas:

los grandes sitios cerrados estaban llenos de humo como una cortina no de hierro
sino màs bien de espesa niebla o neblina blanca: no se veìa nada ni a 2 3 metros 
de distancia; ademàs, aquello irritaba los ojos, ni hablar si usabas 
lentes de contacto, se te irritaba la vista al punto tal de tener las pupilas rojas
inyectadas en sangre somo si fueras un incauto vampiro
o algo por el estilo
o algo peor.

Esto no es todo: las damas que no fumaban huìan de mì
ni hablar de bailar congomi, conmigo:

pero tambièn mis bellas novias drogadictas y rockotangueras
armaban nevados que fumàbamos en el mismo baile
o a la salida
en el monumento a los trabajadores
enfrente exacto de la facultad de ingenierìa

allì mismo donde una noche
en la parada del colectivo 64
besè ardientemente besè
a Milena B.

mientras la estrechaba entre mis brazos
y sentìa sus redondos y puntiagudos senos

una noche de farra o de gira
luego de beber unos copetines 
en Plaza Manuel Dorrego
tristemente abatido por Don Juan Lavalle, jefe unitario
para màs datos, como se sabe

sin advertir las penosas consecuencias a futuro
este futuro en el cual deletreo poemas
porque yo me creìa inmortal o algo por el estilo
como si la Muerte no existiera
como si los jòvenes fueran eternos

como si los jòvenes fueran eternos
bailaba no obstante un tango atràs del otro
con una energìa digna de mejores menesteres
pero amaba en Tango y sus aledaños:

las grandes pistas de baile repletas de grandes bailarines
aficionados o profesionales, en su defecto
o en su exceso: nada de adjetivos por cierto

y esas mujeres bàsicamente de otro planeta
que me volvìan loco de dicha
y a veces atravesàbamos la noche y las calles
en procura de un relàmpago asesino
que felizmente nos fulminara: rayo de
amor, rayo de dolor, angustia hermosa
Copes dixit

y fumando esperàbamos vaya a saber què cosa:
recuerdo estar sentado en un banco a la espera
que comenzara la clase de tango en la escuela
Fortunato Lacàmera, en San Telmo

yo me creìa desdichado vagamente pero ignoraba
que era el joven màs feliz del mundo, me creìa angustiado
pero ignoraba mi felicidad, mi juventud

los jòvenes desconocen, acaso, 
que son jòvenes

pero continuemos con nuestro relato:

el tabaquismo a lo largo de 30 años me fundiò
me quebrò, rompiendo todo mi cuerpo en 1000 pedazos, fracasè
exitosamente 
como bailarìn de tango y otras yerbas  
(rock por ejemplo)
porque en lugar de bailar con las màs excelsas bailarinas
solìa bailar con las ancianas
o con las pendejas que recièn empezaban
y todo a los efectos de ganarme unos mangos
o de echarme un buen polvo (hablando mal y pronto)

por entonces, mi pequeño reino tanguero se fue descomponiendo horriblemente
debido a un cierto exceso de saturaciòn: realmente, tenìa las pelotas por el piso
como se dice vulgarmente

mi pequeño feudo milonguero se fue deshaciendo en 1000 pedazos:
ya no ganaba un sope, no levantaba nada
ciertas minas ya no se me regalaban ni por casualidad
ya no venìan al pie
no me volteaba nada

ya tenìa 30 años y no podìa seguir asì:
estaba por recibirme al fin en la universidad
comenzè a trabajar como profesor en oscuras escuelas
en colegios de noche
pero para què escarbar en el pasado: la memoria como una cantera de extraños 
materiales vagamente silvestres
finalmente, me habìan atrapado, me dije, adiòs a la perìnclita bohemia,
mientras meaba en el baño de profesores
antes precisamente de concurrir 
al salòn de clases

pero no sè, me parece que ahora
que soy digamos un viejo choto
añoro esos tiempos cuando cogìa a diestra y siniestra
las minas màs hermosas del universo (o al menos asì me parecìa)
en los màs sòrdidos y baratos hoteles del barrio
y como no tenìa una maldita moneda partida al medio
les hacìa pagar absolutamente todo
no solo los copetines
como si fuera una suerte de gigolò
o algo por el estilo

o en su defecto, ìbamos a su casa
donde nos entregàbamos a los màs sutiles juegos sexuales
en medio de la noche y de la penumbra
incluso perversos juegos sadomasoquistas
previo contrato y consentimiento
pero de consecuencias imprevisibles
asì como colaterales defectos 

ojalà no hubiera fumado nunca:
parecerìa 10 años màs joven, por lo menos
y me hubiera ahorrado un montòn de plata
en lugar de concurrir a esos famosos kioscos
o cafetear en bares de mala muerte llenos de humo
y de parroquianos borrachines
oscuros 
y besos en los rincones, abrazos, chupones, aprietes varios

chapar, chapado a la antigua

Poesìa narrativa en Caballito barrio

 30 años fumando como un escuerzo

me han dejado francamente a la miseria:
se me caen los dientes, el alma, el escarabajo
ademàs de chupar alcohol como un condenado
yo que era un deportista consumado (a los 16 años habìa
hecho todos o casi todos los deportes
habidos y por haber, seria largo de enumerar y ademàs no viene
al caso)

30 años fumando un cigarrillo atràs del otro:
no me sirviò para nada y ademàs me hizo bolsa
ademàs de gastar un montòn de guita al pedo, al
divino botòn.

30 años fumando atados de 10 20 fasos por dìa, fácil:
no te quiero mentir, quiero ser sincero:
para hablar con franqueza, la època lo amerita:
todo el mundo fumaba en todas partes, todo el tiempo,
echabas humo, hacìas blancas aureolas en el aire
como otros hacìan grandes globos con sus chicles rosados
como la aurora homèrica.

Nada de adjetivos: todo aquello (el tabaquismo, vamos) me trajo toda clase
de problemas de toda ìndole, debido al mal aliento y al olor que se desprendìa de mi
cuerpo y mis ropas:

los grandes sitios cerrados estaban llenos de humo como una cortina no de hierro
sino màs bien de espesa niebla o neblina blanca: no se veìa nada ni a 2 3 metros 
de distancia; ademàs, aquello irritaba los ojos, ni hablar si usabas 
lentes de contacto, se te irritaba la vista al punto tal de tener las pupilas rojas
inyectadas en sangre somo si fueras un incauto vampiro
o algo por el estilo
o algo peor.

Esto no es todo: las damas que no fumaban huìan de mì
ni hablar de bailar congomi, conmigo:

pero tambièn mis bellas novias drogadictas y rockotangueras
armaban nevados que fumàbamos en el mismo baile
o a la salida
en el monumento a los trabajadores
enfrente exacto de la facultad de ingenierìa

allì mismo donde una noche
en la parada del colectivo 64
besè ardientemente besè
a Milena B.

mientras la estrechaba entre mis brazos
y sentìa sus redondos y puntiagudos senos

una noche de farra o de gira
luego de beber unos copetines 
en Plaza Manuel Dorrego
tristemente abatido por Don Juan Lavalle, jefe unitario
para màs datos, como se sabe

sin advertir las penosas consecuencias a futuro
este futuro en el cual deletreo poemas
porque yo me creìa inmortal o algo por el estilo
como si la Muerte no existiera
como si los jòvenes fueran eternos

como si los jòvenes fueran eternos
bailaba no obstante un tango atràs del otro
con una energìa digna de mejores menesteres
pero amaba en Tango y sus aledaños:

las grandes pistas de baile repletas de grandes bailarines
aficionados o profesionales, en su defecto
o en su exceso: nada de adjetivos por cierto

y esas mujeres bàsicamente de otro planeta
que me volvìan loco de dicha
y a veces atravesàbamos la noche y las calles
en procura de un relàmpago asesino
que felizmente nos fulminara: rayo de
amor, rayo de dolor, angustia hermosa
Copes dixit

y fumando esperàbamos vaya a saber què cosa:
recuerdo estar sentado en un banco a la espera
que comenzara la clase de tango en la escuela
Fortunato Lacàmera, en San Telmo

yo me creìa desdichado vagamente pero ignoraba
que era el joven màs feliz del mundo, me creìa angustiado
pero ignoraba mi felicidad, mi juventud

los jòvenes desconocen, acaso, 
que son jòvenes

pero continuemos con nuestro relato:

el tabaquismo a lo largo de 30 años me fundiò
me quebrò, rompiendo todo mi cuerpo en 1000 pedazos, fracasè
exitosamente 
como bailarìn de tango y otras yerbas  
(rock por ejemplo)
porque en lugar de bailar con las màs excelsas bailarinas
solìa bailar con las ancianas
o con las pendejas que recièn empezaban
y todo a los efectos de ganarme unos mangos
o de echarme un buen polvo (hablando mal y pronto)

por entonces, mi pequeño reino tanguero se fue descomponiendo horriblemente
debido a un cierto exceso de saturaciòn: realmente, tenìa las pelotas por el piso
como se dice vulgarmente

mi pequeño feudo milonguero se fue deshaciendo en 1000 pedazos:
ya no ganaba un sope, no levantaba nada
ciertas minas ya no se me regalaban ni por casualidad
ya no venìan al pie
no me volteaba nada

ya tenìa 30 años y no podìa seguir asì:
estaba por recibirme al fin en la universidad
comenzè a trabajar como profesor en oscuras escuelas
en colegios de noche
pero para què escarbar en el pasado: la memoria como una cantera de extraños 
materiales vagamente silvestres
finalmente, me habìan atrapado, me dije, adiòs a la perìnclita bohemia,
mientras meaba en el baño de profesores
antes precisamente de concurrir 
al salòn de clases

pero no sè, me parece que ahora
que soy digamos un viejo choto
añoro esos tiempos cuando cogìa a diestra y siniestra
las minas màs hermosas del universo (o al menos asì me parecìa)
en los màs sòrdidos y baratos hoteles del barrio
y como no tenìa una maldita moneda partida al medio
les hacìa pagar absolutamente todo
no solo los copetines
como si fuera una suerte de gigolò
o algo por el estilo

o en su defecto, ìbamos a su casa
donde nos entregàbamos a los màs sutiles juegos sexuales
en medio de la noche y de la penumbra
incluso perversos juegos sadomasoquistas
previo contrato y consentimiento
pero de consecuencias imprevisibles
asì como colaterales defectos 

ojalà no hubiera fumado nunca:
parecerìa 10 años màs joven, por lo menos
y me hubiera ahorrado un montòn de plata
en lugar de concurrir a esos famosos kioscos
o cafetear en bares de mala muerte llenos de humo
y de parroquianos borrachines
oscuros 
y besos en los rincones, abrazos, chupones, aprietes varios

chapar, chapado a la antigua

Poemas narrativos en Caballito 2025

 30 años fumando como un escuerzo

me han dejado francamente a la miseria:
se me caen los dientes, el alma, el escarabajo
ademàs de chupar alcohol como un condenado
yo que era un deportista consumado (a los 16 años habìa
hecho todos o casi todos los deportes
habidos y por haber, seria largo de enumerar y ademàs no viene
al caso)

30 años fumando un cigarrillo atràs del otro:
no me sirviò para nada y ademàs me hizo bolsa
ademàs de gastar un montòn de guita al pedo, al
divino botòn.

30 años fumando atados de 10 20 fasos por dìa, fácil:
no te quiero mentir, quiero ser sincero:
para hablar con franqueza, la època lo amerita:
todo el mundo fumaba en todas partes, todo el tiempo,
echabas humo, hacìas blancas aureolas en el aire
como otros hacìan grandes globos con sus chicles rosados
como la aurora homèrica.

Nada de adjetivos: todo aquello (el tabaquismo, vamos) me trajo toda clase
de problemas de toda ìndole, debido al mal aliento y al olor que se desprendìa de mi
cuerpo y mis ropas:

los grandes sitios cerrados estaban llenos de humo como una cortina no de hierro
sino màs bien de espesa niebla o neblina blanca: no se veìa nada ni a 2 3 metros 
de distancia; ademàs, aquello irritaba los ojos, ni hablar si usabas 
lentes de contacto, se te irritaba la vista al punto tal de tener las pupilas rojas
inyectadas en sangre somo si fueras un incauto vampiro
o algo por el estilo
o algo peor.

Esto no es todo: las damas que no fumaban huìan de mì
ni hablar de bailar congomi, conmigo:

pero tambièn mis bellas novias drogadictas y rockotangueras
armaban nevados que fumàbamos en el mismo baile
o a la salida
en el monumento a los trabajadores
enfrente exacto de la facultad de ingenierìa

allì mismo donde una noche
en la parada del colectivo 64
besè ardientemente besè
a Milena B.

mientras la estrechaba entre mis brazos
y sentìa sus redondos y puntiagudos senos

una noche de farra o de gira
luego de beber unos copetines 
en Plaza Manuel Dorrego
tristemente abatido por Don Juan Lavalle, jefe unitario
para màs datos, como se sabe

sin advertir las penosas consecuencias a futuro
este futuro en el cual deletreo poemas
porque yo me creìa inmortal o algo por el estilo
como si la Muerte no existiera
como si los jòvenes fueran eternos

como si los jòvenes fueran eternos
bailaba no obstante un tango atràs del otro
con una energìa digna de mejores menesteres
pero amaba en Tango y sus aledaños:

las grandes pistas de baile repletas de grandes bailarines
aficionados o profesionales, en su defecto
o en su exceso: nada de adjetivos por cierto

y esas mujeres bàsicamente de otro planeta
que me volvìan loco de dicha
y a veces atravesàbamos la noche y las calles
en procura de un relàmpago asesino
que felizmente nos fulminara: rayo de
amor, rayo de dolor, angustia hermosa
Copes dixit

y fumando esperàbamos vaya a saber què cosa:
recuerdo estar sentado en un banco a la espera
que comenzara la clase de tango en la escuela
Fortunato Lacàmera, en San Telmo

yo me creìa desdichado vagamente pero ignoraba
que era el joven màs feliz del mundo, me creìa angustiado
pero ignoraba mi felicidad, mi juventud

los jòvenes desconocen, acaso, 
que son jòvenes

pero continuemos con nuestro relato:

el tabaquismo a lo largo de 30 años me fundiò
me quebrò, rompiendo todo mi cuerpo en 1000 pedazos, fracasè
exitosamente 
como bailarìn de tango y otras yerbas  
(rock por ejemplo)
porque en lugar de bailar con las màs excelsas bailarinas
solìa bailar con las ancianas
o con las pendejas que recièn empezaban
y todo a los efectos de ganarme unos mangos
o de echarme un buen polvo (hablando mal y pronto)

por entonces, mi pequeño reino tanguero se fue descomponiendo horriblemente
debido a un cierto exceso de saturaciòn: realmente, tenìa las pelotas por el piso
como se dice vulgarmente

mi pequeño feudo milonguero se fue deshaciendo en 1000 pedazos:
ya no ganaba un sope, no levantaba nada
ciertas minas ya no se me regalaban ni por casualidad
ya no venìan al pie
no me volteaba nada

ya tenìa 30 años y no podìa seguir asì:
estaba por recibirme al fin en la universidad
comenzè a trabajar como profesor en oscuras escuelas
en colegios de noche
pero para què escarbar en el pasado: la memoria como una cantera de extraños 
materiales vagamente silvestres
finalmente, me habìan atrapado, me dije, adiòs a la perìnclita bohemia,
mientras meaba en el baño de profesores
antes precisamente de concurrir 
al salòn de clases

pero no sè, me parece que ahora
que soy digamos un viejo choto
añoro esos tiempos cuando cogìa a diestra y siniestra
las minas màs hermosas del universo (o al menos asì me parecìa)
en los màs sòrdidos y baratos hoteles del barrio
y como no tenìa una maldita moneda partida al medio
les hacìa pagar absolutamente todo
no solo los copetines
como si fuera una suerte de gigolò
o algo por el estilo

o en su defecto, ìbamos a su casa
donde nos entregàbamos a los màs sutiles juegos sexuales
en medio de la noche y de la penumbra
incluso perversos juegos sadomasoquistas
previo contrato y consentimiento
pero de consecuencias imprevisibles
asì como colaterales defectos 

ojalà no hubiera fumado nunca:
parecerìa 10 años màs joven, por lo menos
y me hubiera ahorrado un montòn de plata
en lugar de concurrir a esos famosos kioscos
o cafetear en bares de mala muerte llenos de humo
y de parroquianos borrachines
oscuros 
y besos en los rincones, abrazos, chupones, aprietes varios

chapar, chapado a la antigua

lunes, 23 de diciembre de 2024

Novela en Caballito capitulo 2 (sin mùsica)

    La televisiòn, ese Hitler moderno, o como dijo Passolini: ¿què es el Nazismo al lado de la Televisiòn? 

   Pero esto no es novela ni nada, ni de cerca, una pseudonovela, en todo caso, en cualquier caso ...

   Años y años perdiendo la vida miserablemente frente a un aparato de televisiòn, y ahora frente a celulares: millones de tipos y tipas caminando mirando el celular o hablando al celular o subiendo las escaleras mirando ese dispositivo verdaderamente satànico ...

   Poderosamente me llama la atenciòn la forma en que ...

   Imposiblidad de narrar nada, abortos narrativos que derivan hacia inciertas islas o islotes apoèticos, antipoèticos, prosas seudo poèticas, porque de poèticas no tienen nada o casi nada ...

   Abortos narrativos que derivan hacia ... la plaza San Martìn y aledaños con la ecuestre estatua del Hèroe ya anciano y arrugado y plenamente desnudo en medio de su parisina bañera que mira su miembro que alguna vez dio lugar a la celebèrrima Merceditas y sus consejos paternos ...

   La Plaza San Martìn donde estuve con una joven y alguna vez me quedè desnudo en esos antiguos verdes bancos de madera y luego despertè en medio de un rayo de sol de Pettorutti ...

  La Plaza San Martìn donde extrañamente hicimos el amor cientos o miles de veces ante la mirada vagamente atònita o escandalizada de los transeùntes y los policìas en ciernes esos canoso canas, èmulos de Josè Antonio ...

   La dicha plaza en la que miles de veces nos juntamos a recitar poemas y a tocar La Guitarrita de Arolas en una precisamente ìdem ...

   Y sus alrededores donde alquilaba un depto la psicòloga hermosa con quien nos encadenàbamos al deseo y a la sublimaciòn de orgasmo sublimes:

  presos del orgasmo

   atados al màs enloquecedor orgasmo temulento, vacìo de todo

    ese polvo efìmero y etèreo como una mariposa fosforscente que me volvìa loco de dicha cuando, o 

de pronto zas un tropezòn y sì es caìda ...

   Sì, no hubo cosa màs intolerablemente hermosa que hacer una y 1000 veces el amor

en busca del orgasmo absoluto y hacer durar (mediante los màs bellos poemas de amor)

esa cosa tan absolutamente hermosa y fabulosa y como la quieran adjetivar

llamada polvo

llamada orgasmo

llamada pequeña o gran Muerte

que me volvìa plenamente loco (por algunos fugaces segundos)

como si no existiera otra cosa en el universo

sino el simple y dichoso orgasmo

que como una efìmera y etèrea y material mariposa incandescente

me volvìa loco de dicha

(cuando de pronto zas El Tropezòn).


          

Novela en Caballito capìtulo 1

   Despuès de estar haciendo el amor durante algùn tiempo, saliò de allì dispuesto a tomar el colectivo y dar clases.

   El colectivo estaba lleno de gente, repleto a tal punto que tenìa la sensaciòn de estar adentro de una lata de sardinas ambulante.

   Se encontrò con una vieja compañera de estudios a quien, por supuesto, no saludò. Hizo como que no la reconocìa. La mujer sostuvo idèntica actitud. Incluso ella le preguntò algo. Êl respondiò que no sabìa, el nombre de una calle (Mariano Acosta quizàs) o algo por el estilo, la parada, algo asì. No entendiò muy bien: estaba casi siempre enfrascado en su mundo.

   Lo cierto es esto: mientras como queso, me digo que hay escritores tan ineptos o tan descorteses que no se preocupan de enganchar al lector de entrada de modo tal que dicho lector, Ud. por ejemplo, se pregunte: ¿què es esto? o, peor dicho: ¿què carajo, què catzo es esto? ¿De què se trata?

   La mujer descendiò del bondi y èl de pronto recordò: nunca le habìa gustado dicha dama, la consideraba fea, un adefesio acaso, no le gustaba su caripela, su cuerpo puede ser pero fue hace mucho tiempo: èl era un machirulo como se dice ahora, un machista empecinado, tal vez sin saberlo, sin ser consciente de esto y de muchas otras cosas.

   ¿Cuànto tiempo habìa pasado desde entonces?

   Recordaba lejanamente una caminata en una plaza, la plaza Lezica, el parque Rivadavia, bajo el sol, entre los verdes àrboles que ofrecìan su fresca sombra a la frustada pareja de ex amantes.

   Y ahora estaba de nuevo allì, la mujer, con sus ojos claros, verdes o celestes quizàs, en medio del bondi abarrotado de pasajeros, y en medio del insoportable calor estival.

   No pasaba nada, acaso se trataba un novela algo psicològica, escrita por un ex poeta porteño.

   Ahora dar clases era su vida, en colegios nocturnos, en secundarios de adultos, objetos de desguace actualmente, Bradbury lo habìa predicho hacìa añares en alguna parte de su gran novela.

   Clases, dar clases, a alumnos entre 18 y 70 años, todos mezclados, como en un poema de Gonzalez Tuñòn, era un verdadero quilombo aquello, no se podìa dar clases, o tal vez sì pero no enseñando nada sino màs bien dejando que los alumnos aprendan algo por ellos mismos, con la guìa del maestro, claro, el maestruli, el maestro ciruela o durazno de gala.

   De todas maneras, lo lograba, una novela a lo Beckett, dar clases a personas que no desean aprender absolutamente nada, ya grandes, sino solo obtener el preciado tìtulo, al menor costo posible, en el menor tiempo posible, se te llevan el dichoso tìtulo a tu casa, mejor todavìa.

   Dar clases con un libro de Borges desencuadernado, las hojas todas salidas, despegadas, Ud. es un ciruja, anda cirujeando por ahì, ademàs eso es un robo, yo tenìa entendido que hurto es otra cosa.

   Y las directoras ancianas respetables que forreaban, basureaban a algunos docentes decentes, no a todos, solo a algunos, si te ven mal te maltratan, al despertar, el dinosaurio continuaba siempre allì, en la mesa de todos los domingos, con la familia unita, Dios, Patria y.

   Pero esto suena medio cortazariano, Dios lo tenga en su santa gloria, y no me apetece o tal vez sì.

   Estàs solo frente a 20 o 30 alumnos en el ring o aula, te salva la campana de pronto, el timbre, es el recreo.

   Y de pronto las directoras denigradoras, son feministas y hacen jornadas de violencia de gènero, què se le va a hacer, asì es la vida, Dios es argento pero atiende en Baires.

   Daba clases pero los alumnos, ¿aprenderìan algo? ¿Còmo saberlo? Es decir, ¿còmo diablos saberlo a ciencia cierta? Y si aprendìan algo, ¿què demonios era lo que aprendìan si es que algo aprehendìan, agarraban?

   Allì estaban esos 60 ojos clavàndole la vista: eso significa que te prestan atenciòn, Gastòn.

   Y ejercitaba la escritura como forma de entrenamiento mental, en las tardes de verano mientras afuera se oìa el ronronear de los motores automovilìsticos en la caballitense calle Beauchef (al 300 para màs datos).

   Sin mirar hacia atràs: nada de espejos retrovisores, los habìa arrancado de cuajo, sin necesidad alguna de pelearse con un automovilista o motoquero de golpe enloquecido que esgrime los màs salvajes y unitarios improperios.

   En lo posible, pretendìa escribir con toda la Lengua (asì con mayùscula) a su disposiciòn, aunque raramente lo lograse.

   Lo cierto es que ... acà termina el capìtulo 1. Evidentemente el escriba no tiene nada o mucho para contar o no lo sabe hacer: se detiene en comentarios que no vienen al caso y se deja llevar por sus recuerdos algo deshilachados, quièn mierda me habrà mandado tomar ese diclofenac de mierda que me hizo mierda el hìgado, 4 5 meses tomando al pedo esa basura que no me sirviò absolutamente para nada ... encima este mousse de mierda anda para el orto, para el traste ...

   No obstante, recuerdo perfecta o exactamente a esa muchacha: su cuerpo me agradaba no asì su cara, habìa algo raro en su cara, quizàs su dentadura ...

   Narrador Omnisciente (es el nombre de nuestro hèroe) estaba harto de todo aquello: harto de dar clases y que no lo llamaran por su verdadero ya dicho nombre: lo denominaban: aparato, maestro, campeòn, amigo, zopenco, zutano, mengano, perengano, abadoy, loco ...

   N.O. (para abreviar) se dirigiò a un cafè: allì tomò un cafè y comprò un libro de o sobre Carlos Correas: se hizo de noche, ya no fumaba, escribìa, o màs bien leìa, como quedò dicho, un poco màs atràs.

Una madrugada, de pronto despertòse con una somnolienta teorìa de la continuidad: hay una continuidad, una fluidez total entre la vida y la literatura; ademàs, la Literatura (asì, con Mayùscula) es el sistema par excelence ya que da cuenta de lo real, en su coninuum.

   Y eso era todo o casi todo.

   Despuès siguiò dumiendo.

   Y como todos nuestros sueños adoptan la forma de imàgenes televisivas y cinematogràficas, hay una continuidad absoluta entre el mundo nocturno y el diurno ya que nos pasamos gran parte de nuestras vidas (o muertes diarias) mirando televisiòn y pelìculas y ahora mismo mirando o hablando por celular mientras caminamos por la calle o subimos una escalera so pena o riesgo de morir aplastados por un tren o un automòvil (en el mejor de los casos).

   Y ahora que estoy al borde de un acantilado, me doy cuenta que perdì gran parte de mi vida y mi tiempo mirando una puta pantalla televisiva o pelìculas y series francamente estùpidas y que no sirven absolutamente para nada.

   Para no hablar de ciertas pelìculas pornogràficas o presuntamente eròticas: en cines de mala muerte, de barrio o en el centro (en el intervalo el techo del cine se abrìa y dejaba ver el cielo celeste y lleno de sol o encapotado).

   Yo no corrijo absolutamente nada, sigo escribiendo hacia adelante procurando recuperar el tiempo perdido.

   Sì, todo fue como un sueño absurdo aquella vida llena de seres malditos, monstruos diversos y mujeres totalmente e intolerablemente hermosas que me arrancaban los màs bellos orgasmos, en medio de la noche o acaso el dìa, la mañana llena de sol ...

   Y fumaba, fumaba como un escuerzo, como si tuviera toda la vida por delante o por detràs, como si la muerte no existiera, como si fuèramos eternamente jòvenes en virtud de aquella pelìcula rodada cuyo nombre no recuerdo pero recuerdo determinadas imàgenes màs o menos espùreas, o no: 

   Ellos bailan eternamente jòvenes, como fantasmas en blanco y negro: no recuerdo su nombre pero la pelìcula es bella y las mujeres son francamente bellas; asimismo ...

   No, no se trata de poètica prosa ni de prosa màs o menos poètica, se trata de ...

   La pelìcula es muda y bailamos sin mùsica ... Maldito diclofenac que me ha dejado el hìgado a la miseria ...