viernes, 3 de enero de 2025

taller poesia surrealista Caballito 49034485

 Sexo, Saxo: suena la mùsica enloquecedora

disrrupciones fantasmàticas o fantasmales o fantasmagòricas
fantasmagorìas obscenas
càrceles de lenguaje
lenguajes obscenos
fuera de escena, escenarios obscenos

pornogramas siderales, silentes:
en la trastienda, gritos ahogados
damas descabezadas, furiosos locos, radiantes losas y rodantes casas
fosas nasales, comunes, marinas

muertos vivientes mueven su esqueleto
al compàs de la dodecafònica mùsica afònica, cacofònica: cacos
silvestres

fosas marinas, comunes, nasales

el fantasma cavò su fosa propia

exquisitos cadàveres y escaleras desbalanceadas
ascensores endemoniados
sueños fluyentes
como escobas deslizantes barredoras de escamas, camas, camastros
obscenos, oseznos, tataranietos

caòticas acumulaciones
marinos cementerios
gaviotas enloquecidas yacen en la aurora se dan piquitos

nubes que pasan
maestros que pasan
que sobrevuelan los instantes

todo pasa, todo llega, todo vuelve
como una suerte de boomerang
gangsters

fosas comunes, marinas, nasales

la muerte viaja en tranvìa
en ferrocarril
en automòvil
en aviòn
en helicòptero coleòpteros frìos friamente servidos en bandeja
como senos obscenos desnudos

olor a muerte, a sexo, amores dormidos, desnudos dormidos
sueños con formas televisivas, cinematogràficas

continuidad de los sueños
sueños de ojos abiertos
de ojos cerrados
sonàmbulos noctàmbulos pernoctan nocherniegos miliunanochescos
noctìvagos

automàtica escritura

rodantes casas y radiantes losas

vivo adentro de un cocodrilo

galàn mata billetera

taller poesia verano 2025 Caballito 49034485

 atràs en el tiempo, hacia el pasado màs o menos borroso:

cuando bailaba dìas enteros, noches enteras
y fumaba un faso atràs del otro
como si fuera inmortal
y no simplemente
un joven totalmente inconsciente
e irresponsable.

Siempre estoy volviendo atràs en el tiempo,
hacia un pasado feroz, inaferrable:
cuando durante las noches
bailoteaba con las jovenes y viejas milongueras
en los màs sòrdidos antros de perdiciòn:
sòtanos infectos a varios metros bajo el nivel del rìo
o de la calle;
piringundines que se caìan a pedazos
cuyas paredes descascaradas y pintarrajeadas
lucìan los mensajes màs obscenos y extravagantes
como si no se tratara de un salòn de baile
sino màs bien de un baño pùblico
o privado.

Esto no era todo: esos espacios malditos e infecundos
estaban siempre llenos de humo de cigarrillo
lo cual era evidente que nos conducìa sin soluciòn alguna
y en forma absolutamente irremediable
hacia los cànceres màs terribles, repito: como si fuèramos criaturas sensiblemente
extraterrestres e inmortales
y no simples terrìcolas todos fatalmente condenados a Muerte
pero que desconocen cuando se cumplirà dicha sentencia condenatoria.

Esto no es todo: de la forma màs absurda y bàsicamente estùpida
perdìamos el tiempo de la manera màs absolutamente miserable
charlando toda clase de sandeces en los màs insìpidos cafetines del barrio
la ñata contra el vidrio, indudablemente
pero jamàs aprendìamos absolutamente nada
salvo inflar globos con rosados chicles
o lanzar a la atmòsfera efìmeras volutas de humo

al tiempo que divagàmos obsoletas teorìas plenamente ineficaces
o nos besàbamos en la boca bajo la mirada asesina del patròn
o de los mozos vagamente machistas
y patriarcales

que ademàs nos detestaban cordialmente
pues nuestra siempre exigua consumiciòn
auguraba una propina igualmente irrisoria
o vil
como un precio.

A veces el mismo dueño
mediante el mozo
nos intimaba a dejarnos de besar ardientemente en los labios
como 2 encantadores enamorados telenovelescos
so pena de señalar imperiosamente la puerta de calle
o de salida.

Y todo esto mientras sonaba Arnold Schoenberg
como mùsica de fondo
màs exactamente: Noche Transfigurada.

Otras veces, solo como Solari Yrigoyen
cafeteaba y faseaba
mientras leìa a Guillaume Apolinaire.

Y todo ello para ir por enèsima vez
a milonguear a la milonga màs cercana
sita precisamente a mitad de cuadra
bajo la noche estrellada
o con luna llena.

Allì conocì a las mujeres màs hermosas del universo conocido
que extrañamente se movìan entre mis brazos
mientras sonaba la mùsica màs bella del mundo
y las letras de amor màs lindas del planeta Tierra
eran cantadas por Fiore o por algùn cantor o cantante
similar.

Todo ha terminado para siempre: ahora por las noches
o durante las tardes de verano
rememoro aquel pasado digamos glorioso
en el cual fui un joven anònimo y triunfal
y màs o menos conocido
en aquel turbio ambiente rodante
compuesto por ancianos bailarines
y rubias mireyas y paicas ritas y etc.

Todo ha terminado para siempre:
suena Schoenberg y todo se disuelve en el aire enrarecido de la tarde ...

taller poesia narrativa 2025 Caballito 49034485

 atràs en el tiempo, hacia el pasado màs o menos borroso:

cuando bailaba dìas enteros, noches enteras
y fumaba un faso atràs del otro
como si fuera inmortal
y no simplemente
un joven totalmente inconsciente
e irresponsable.

Siempre estoy volviendo atràs en el tiempo,
hacia un pasado feroz, inaferrable:
cuando durante las noches
bailoteaba con las jovenes y viejas milongueras
en los màs sòrdidos antros de perdiciòn:
sòtanos infectos a varios metros bajo el nivel del rìo
o de la calle;
piringundines que se caìan a pedazos
cuyas paredes descascaradas y pintarrajeadas
lucìan los mensajes màs obscenos y extravagantes
como si no se tratara de un salòn de baile
sino màs bien de un baño pùblico
o privado.

Esto no era todo: esos espacios malditos e infecundos
estaban siempre llenos de humo de cigarrillo
lo cual era evidente que nos conducìa sin soluciòn alguna
y en forma absolutamente irremediable
hacia los cànceres màs terribles, repito: como si fuèramos criaturas sensiblemente
extraterrestres e inmortales
y no simples terrìcolas todos fatalmente condenados a Muerte
pero que desconocen cuando se cumplirà dicha sentencia condenatoria.

Esto no es todo: de la forma màs absurda y bàsicamente estùpida
perdìamos el tiempo de la manera màs absolutamente miserable
charlando toda clase de sandeces en los màs insìpidos cafetines del barrio
la ñata contra el vidrio, indudablemente
pero jamàs aprendìamos absolutamente nada
salvo inflar globos con rosados chicles
o lanzar a la atmòsfera efìmeras volutas de humo

al tiempo que divagàmos obsoletas teorìas plenamente ineficaces
o nos besàbamos en la boca bajo la mirada asesina del patròn
o de los mozos vagamente machistas
y patriarcales

que ademàs nos detestaban cordialmente
pues nuestra siempre exigua consumiciòn
auguraba una propina igualmente irrisoria
o vil
como un precio.

A veces el mismo dueño
mediante el mozo
nos intimaba a dejarnos de besar ardientemente en los labios
como 2 encantadores enamorados telenovelescos
so pena de señalar imperiosamente la puerta de calle
o de salida.

Y todo esto mientras sonaba Arnold Schoenberg
como mùsica de fondo
màs exactamente: Noche Transfigurada.

Otras veces, solo como Solari Yrigoyen
cafeteaba y faseaba
mientras leìa a Guillaume Apolinaire.

Y todo ello para ir por enèsima vez
a milonguear a la milonga màs cercana
sita precisamente a mitad de cuadra
bajo la noche estrellada
o con luna llena.

Allì conocì a las mujeres màs hermosas del universo conocido
que extrañamente se movìan entre mis brazos
mientras sonaba la mùsica màs bella del mundo
y las letras de amor màs lindas del planeta Tierra
eran cantadas por Fiore o por algùn cantor o cantante
similar.

Todo ha terminado para siempre: ahora por las noches
o durante las tardes de verano
rememoro aquel pasado digamos glorioso
en el cual fui un joven anònimo y triunfal
y màs o menos conocido
en aquel turbio ambiente rodante
compuesto por ancianos bailarines
y rubias mireyas y paicas ritas y etc.

Todo ha terminado para siempre:
suena Schoenberg y todo se disuelve en el aire enrarecido de la tarde ...

cursos poesia Caballito sabados domingos 49034485

  Soledad, llovizna, frìo ...

y nosotros los muchachos bailando en ese lugar lòbrego
y sucio.

Sexo, droga, rock:
todos los comunes lugares habidos y por haber
todos sitios màs o menos siniestros, patèticos, bàsicamente
grotescos, impresentables francamente.

De todas maneras, concurrìamos a dichos salones de baile
a los efectos de levantarnos una señorita
de ser posible
y de no ser posible, tambièn, quiero decir,
digamos.

Con el objeto de encamarnos
acostarla
dormirla
descansarla
rescatarla
guardarla.

Oscuridad, llovizna, frìo:
calentados por un cuerpo desnudo
entre los brazos, abrazos, brasas.

Ojos que nos miraban
ahora ya no
las namis me ven
e inmediatamente
desvian la mirada
dan vuelta la cara, la cabeza toda.

Y es que ya no soy hace rato
un joven vagamente hermoso
sino un jovato
que se cae a pedazos.

Ahora me toca a mì.

Pero entonces no: bailaba sin parar
todo el santo dìa
volteaba muñecas que daba miedo!

Me felicitaban "por mi nueva conquista"!

Tenìa que hacer malabares
"para que no se me juntara el ganado".

Era decididamente, sin saberlo,
un machista empedernido
un machirulo empecinado.

Me apodaban
por aquel entonces
"el gordo siniestro".

Lo cual me causaba
muchisima gracia, desgracias.

Aventuras, venturas y desventuras
del dogor ominoso ...

Ya a los 23 pirulos
gozaba de una panza ubèrrima
que desde entonces
no he podido aplacar jamàs
a pesar de haber hecho
toda clase de dietas, ejercicios fìsicos de toda laya.

Pero todo era inùtil.

Y todo eso mientras escuchaba
a Igor Stravinsky.

De todas formas, adoraba
aquellos antros màs o menos siniestros
aquellos hoteles alojamiento de mala o buena muerte
aquellos salones de pacotilla
cuyas paredes estaban friamente descochadas
y cuyos espejos ya enmohecidos
apenas alcanzaban a reflejar
nuestros rostros sonrientes
y vagamente demonìacos, malditos poèticamente
aquellos exquisitos cadàveres.

De todas maneras, bailàbamos unos buenos tangos, milongas
valses llamados criollos (no vieneses).

No vieneses: aquello quedò para algunos años despuès
cuando
por algunos pesos
daba clases particulares de baile
para padres padrinos madrinas madres
y cumpleañeras de 15
o novios sencillamente, novias, arqueros
de futbol
por las tardes del domingo o del sàbado
a cambio de algunos pocos pesos.

O sino daba clases particulares de rock and roll
a parejas, a mujeres u hombres solos
que deseaban aprender aquellas enloquecedoras danzas
a los efectos de, en rigor de verdad, ir a bailar a un boliche
los sàbados a la noche
y conocer sonrientes damiselas, secretas viudas
negras
o
blancas.

Misteriosas mujeres con sus ojos brillando en la oscuridad
entre el ruido ensordecedor y el humo de decenas de cigarrillos
mientras los comensales bailaban y charlaban
o se atragantaban
con exquisitos manjares
o soberbios copetines.

Ello solìa suceder
en la vieja New York City
mientras yo miraba a las pendejas que bailaban
arriba de un parlantes
retorciendo sus cuerpos
en una suerte de transe vertiginoso
una especie
de locura extàtica y danzante
o rodante
o radiante.

Mientras las luces giraban alrededor
como ojos desorbitados y enloquecidos
y una mùsica primitiva y ensordecedora
nos rompìa los tìmpanos para siempre.

Esto no es todo: a la salida
nos dirigìamos con rumbo desconocido
hacia los hoteles y albergues màs grotescos y pròximos
con el objetivo evidente
de alcanzar ese relàmpago inaudito e interno
ese rayo interior, ese dulce cataclismo: el

orgasmo

que como un dulce placer intenso y efìmero
daba sentido a nuestras vidas plenamente absurdas
grises y medianamente rutinarias
transcurridas durante la semana
en oficinas, escuelas o simplemente en las calles
procurando vender toda clase de baratijas
como corredores inmobiliarios
o corredores a secas

Y ciertamente corrìamos la coneja!

Vaya si la corrìamos!

Pero tambien nos corrìan
literalmente hablando!

Porque muchas veces
pagàbamos el pato justos por pecadores
ya que algùn desfachatado estafador
habìa llegado y pasado
poco tiempo antes de nosotros ...

Casi nos recontracagan a trompadas!

Eso durante la semana.

Los sàbados por la noche
otra vez a bailar sin parar toda la noche
hasta que las velas no ardieran
procurando levantar y encamarnos
con alguna hermosa
con alguna futura ex novia ...

taller poesia Caballito 2025 sabados domingos 49034485

 Soledad, llovizna, frìo ...

y nosotros los muchachos bailando en ese lugar lòbrego
y sucio.

Sexo, droga, rock:
todos los comunes lugares habidos y por haber
todos sitios màs o menos siniestros, patèticos, bàsicamente
grotescos, impresentables francamente.

De todas maneras, concurrìamos a dichos salones de baile
a los efectos de levantarnos una señorita
de ser posible
y de no ser posible, tambièn, quiero decir,
digamos.

Con el objeto de encamarnos
acostarla
dormirla
descansarla
rescatarla
guardarla.

Oscuridad, llovizna, frìo:
calentados por un cuerpo desnudo
entre los brazos, abrazos, brasas.

Ojos que nos miraban
ahora ya no
las namis me ven
e inmediatamente
desvian la mirada
dan vuelta la cara, la cabeza toda.

Y es que ya no soy hace rato
un joven vagamente hermoso
sino un jovato
que se cae a pedazos.

Ahora me toca a mì.

Pero entonces no: bailaba sin parar
todo el santo dìa
volteaba muñecas que daba miedo!

Me felicitaban "por mi nueva conquista"!

Tenìa que hacer malabares
"para que no se me juntara el ganado".

Era decididamente, sin saberlo,
un machista empedernido
un machirulo empecinado.

Me apodaban
por aquel entonces
"el gordo siniestro".

Lo cual me causaba
muchisima gracia, desgracias.

Aventuras, venturas y desventuras
del dogor ominoso ...

Ya a los 23 pirulos
gozaba de una panza ubèrrima
que desde entonces
no he podido aplacar jamàs
a pesar de haber hecho
toda clase de dietas, ejercicios fìsicos de toda laya.

Pero todo era inùtil.

Y todo eso mientras escuchaba
a Igor Stravinsky.

De todas formas, adoraba
aquellos antros màs o menos siniestros
aquellos hoteles alojamiento de mala o buena muerte
aquellos salones de pacotilla
cuyas paredes estaban friamente descochadas
y cuyos espejos ya enmohecidos
apenas alcanzaban a reflejar
nuestros rostros sonrientes
y vagamente demonìacos, malditos poèticamente
aquellos exquisitos cadàveres.

De todas maneras, bailàbamos unos buenos tangos, milongas
valses llamados criollos (no vieneses).

No vieneses: aquello quedò para algunos años despuès
cuando
por algunos pesos
daba clases particulares de baile
para padres padrinos madrinas madres
y cumpleañeras de 15
o novios sencillamente, novias, arqueros
de futbol
por las tardes del domingo o del sàbado
a cambio de algunos pocos pesos.

O sino daba clases particulares de rock and roll
a parejas, a mujeres u hombres solos
que deseaban aprender aquellas enloquecedoras danzas
a los efectos de, en rigor de verdad, ir a bailar a un boliche
los sàbados a la noche
y conocer sonrientes damiselas, secretas viudas
negras
o
blancas.

Misteriosas mujeres con sus ojos brillando en la oscuridad
entre el ruido ensordecedor y el humo de decenas de cigarrillos
mientras los comensales bailaban y charlaban
o se atragantaban
con exquisitos manjares
o soberbios copetines.

Ello solìa suceder
en la vieja New York City
mientras yo miraba a las pendejas que bailaban
arriba de un parlantes
retorciendo sus cuerpos
en una suerte de transe vertiginoso
una especie
de locura extàtica y danzante
o rodante
o radiante.

Mientras las luces giraban alrededor
como ojos desorbitados y enloquecidos
y una mùsica primitiva y ensordecedora
nos rompìa los tìmpanos para siempre.

Esto no es todo: a la salida
nos dirigìamos con rumbo desconocido
hacia los hoteles y albergues màs grotescos y pròximos
con el objetivo evidente
de alcanzar ese relàmpago inaudito e interno
ese rayo interior, ese dulce cataclismo: el

orgasmo

que como un dulce placer intenso y efìmero
daba sentido a nuestras vidas plenamente absurdas
grises y medianamente rutinarias
transcurridas durante la semana
en oficinas, escuelas o simplemente en las calles
procurando vender toda clase de baratijas
como corredores inmobiliarios
o corredores a secas

Y ciertamente corrìamos la coneja!

Vaya si la corrìamos!

Pero tambien nos corrìan
literalmente hablando!

Porque muchas veces
pagàbamos el pato justos por pecadores
ya que algùn desfachatado estafador
habìa llegado y pasado
poco tiempo antes de nosotros ...

Casi nos recontracagan a trompadas!

Eso durante la semana.

Los sàbados por la noche
otra vez a bailar sin parar toda la noche
hasta que las velas no ardieran
procurando levantar y encamarnos
con alguna hermosa
con alguna futura ex novia ...

miércoles, 1 de enero de 2025

taller de escritura 2025 Caballito 49034485

 Años fumando como un escuerzo

hacièndome bolsa, pelota
destruyèndome inexorablemente:

a los 16 años, mi primer cigarrillo, un verano soleado
en la calle, y todo por juntarme con giles:
giles que fumaban, se drogaban, tomaban alcohol
y murieron jòvenes, al pedo, al
divino botòn.

A los 16, dejè de hacer deporte, yo
que habìa hecho todos los deportes habidos y por
haber, yo, que era, ni màs ni menos, que un
deportista consumado (aunque amateur).

A los 17 ya fumaba un faso tras otro:
ya querìa dejar y no podìa: el tabaquismo me iba consumiendo,
ademàs, me alcoholizaba solo, solari yirigoyen:
recuerdo tomar una botella de cerveza de litro, una noche, en
Constituciòn y totalmente borracho
volver a mi casa, en medio de la noche desierta.

Ya por entonces, era algo asì
como una suerte de fantasma: vagaba por las calles sin rumbo fijo
o con mi amigo Asdrubal Sebastiàn Carreño (¿què serà de èl?)
tomàbamos 1 litro de cerveza en las plazas verdes y soleadas
luego de engatusar al amable almacenero del barrio
mediante vagamente sutiles artimañas
o simplemente abusando de su confianza
como si fuera un cuento de Felisberto Hernàndez
(su narrativa completa adquirida ùltimamente
en la Librerìa Hernàndez).

O tomàbamos cafè con leche en El Coleccionista
(arriba de ese bar notable vivìa Nalè Roxlo)
y comìamos un tostado, invitado por moi.

Còmo lamento haber gastado tanto dinero al pedo
en esos antiguos kioscos de mierda
que me vendìan veneno como hacièndome un favor
y nunca tenìan cambio: eran tan poco lo que ganaban
con la venta de tabaco y otras porquerìas que
so pretexto de no tener cambio
te vendìan caramelos y otras mierdas
que te hacìan pelota los dientes
para no hablar del cigarrillo.

Años bailando tango en esos salones llenos de humo
que irritaba la vista, enrojeciendo los ojos: no se veìa absolutamente nada,
nos manejàbamos con largavistas para invitar a bailar a las damas.

Sentados en hileras, nos desplazàbamos en ronda
en contra de las agujas del reloj
por lo cual, el tiempo pasaba volando, se disolvìa
como el azùcar en la taza de tè
como las volutas del humo del cigarrillo
que se volatilizaban en la nada.

No obstante, bailàbamos con las bellas
tangos, milongas y valses llamados criollos
pero todo no era màs que un lìmpido pretexto
una mera excusa galante
para tenerlas en nuestros brazos
y franelear suave y delicadamente
sus tiernas tetitas
llenas de maternal y sabrosa leche.

A veces tenìamos la dudosa fortuna
de acostarnos con ellas
en los màs turbios hoteles de mala o buena muerte
y en ese encamarse, creìamos ser felices
alcanzando la efìmera y extraña
felicidad del orgasmo, ese relàmpago inusitado
ese dulce terremoto interior e imprevisto
que llenaba las noches de dicha
y lo real o mundo tendìa a extinguirse de pronto
para dar solo paso a la existencia del placer.

O cenàbamos en la taberna de la esquina
con la profesora de gimnasia de dulces ojos
o con la psicòloga lacaniana
a los efectos no solo de morfar
sino de entregarnos a bizantinas discusiones acerca de
Lacan o el arte en general, por ejemplo:
el arte era algo con su peso especìfico o la especialidad de la casa
o era algo que simplemente atravesaba la vida entera
disolviendo sus lìmites y abarcando en consecuencia
el universo en general y o la naturaleza en particular?

Còmo me gustaban las mujeres!
Me parecìa mentira que pudieran existir criaturas tan bellas,
por otra parte, era profundamente prejuicioso o directamente
misògino, y por lo general, detestaba cordialmente
su manera de ser, sus histerias, sus descontroles, su falta de ètica,
sus intereses, sus egoìsmos, y en general, todo su mundo moral ...

Amaba la belleza ardientemente pero detestaba
la falta de verdad, de sinceridad, de autenticidad ...

Una mirada machista ciertamente, propia de un machirulo, lo admito, no
obstante, aquellos juegos sexuales o bàsicamente perversos
o incluso sadomasoquistas, aceleraban el orgasmo, permitìan una
cierta variaciòn sobre los mismos temas y la fractura de
una cierta monotonìa, una cierta rutina detestable ...

Pensar que hace años no tenìa esta molestia absurda
hoy acaso reactivada a causa del llamado sexo oral ...

Pero quiero volver a los màs gratos recuerdos:
con mi amigo Asdrubal
o mi amigo Claudio
o mi amigo Alejandro Acobino
hoy todos muertos por una razòn u otra
suicidados por la sociedad ...

Recuerdo las noches en que vagàbamos
por avenida Corrientes: hurtaban libros de las librerìas
ante la mirada atònita de los vendedores
salìan disparados hacia el obelisco egipcio
que como un falo està clavado en el corazòn de la ciudad
en el centro profundo
y es objeto de los màs variados rituales: las

gentes se reùnen a veces a su alrededor
con el objeto de celebrar algùn evento o victoria posible

pero nosotros luego de tomar algunos copetines
o de celebrar alguna muzzarela chorreante en alguna pizzerìa cercana
o deslizàbamos algùn piropo en el oìdo de las bellas
hoy un gènero en franca extinciòn como si se tratara de una especie animal
o del reino vegetal.

De ninguna manera arrojàbamos barrabasadas a las hermosas:
de ninguna manera, en absoluto.

Pero no tenìamos suerte alguna con las pendejas de nuestra misma edad
por lo cual tentàbamos fortuna con las màs veteranas
y nos sumergìamos en los lechos
nos zambullìamos en las camas matrimoniales o no
o entràbamos en los màs mugrientos y baratos hoteles alojamiento
o albergues transitorios
oscuros
con redondas camas giratorias o cuadradas
llenos de telarañas
siniestros francamente hasta la nàusea
hasta el hartazgo.

Lleguè a tener un cajòn repleto de peines negros de plàstico
y siempre estaba munido de una caja de profilàcticos
para no tener malas sorpresas, martes 13 imprevistos.

Pero lo cierto es que yo no tenìa un maldito centavo, una
puta moneda partida al medio
ya que me patinaba toda la plata ganada
con el sudor de mi frente
cafeteando absurdamente
llevando una absurda vida bohemia
que francamente no me llevaba a ningùn lado.

No me explico còmo las bellas podìan aguantarme:
es que no me soportaban realmente: era yo
demasiado demandante, segùn ellas y segùn recuerdo que ellas decìan:
nunca tenìa un maldito centavo, una fucking moneda
partida por la mitad
ya que me patinaba el dinero
comiendo afuera de casa
en los grandes bodegones del barrio
siempre repletos de comensales
ya que la comida era muy buena y muy barata.

Incluso a veces, concurrìa allì mismo
con alguna bella. Pero, mientras comìamos, algùn hdp
miraba desmesuradamente a la hermosa en cuestiòn
ponièndome los pelos de punta
ponièndome la piel de gallina, no por el miedo, creo,
sino porque no podìa estar peleàndome con medio mundo ...

Esa bella era bellìsima realmente, al punto tal que yo a veces
me preguntaba por què diablos me darìa pelota,
por què me daba su amable atenciòn:

fellatios en las plazas municipales
allì mismo donde habìa existido hacìa algunos años atràs
una escuela primaria
detràs de los arbustos
y mientras multitud de automòviles nocturnos
pasaban por la avenida Independencia.

Era tan bella esa mujer que las otras mujeres
la miraban con admiraciòn
tal vez se preguntarìan: què hace este encanto
con este monstruo o mero adefesio con anteojos culos de botella
y para colmo de males gordo y mal entrasado?

La bestia y la bella.

O con la rockera Alejandra en medio de un colectivo
varios tipos le decìan toda clase de sandeces
mientras yo no decìa ni mu
tenìa que comerla doblada
o simplemente me armaba y desarrollaba mi paciencia
como varias capas de ropa frente al intenso frìo invernal
o màs bien infernal

porque el infierno si existe
ha de ser como una pista de hielo
una càrcel de hielo
una vacìa catedral de hielo
poblada de invisibles fantasmas
cuyos dientes rechinan
y que tiemblan como hojas ...

Todas aquellas desnudas mujeres que amè
cuando dejaban caer sus ropas
eran relàmpagos que iluminaban las oscuras habitaciones
llenando con su luz corpòreas
aquellas sucias piezas de paredes descascaradas
y espejos ya enmohecidos y aùn deformantes ...

Pero antes de hacer el amor
recuerdo perfectamente
que me dirigìa al baño
a los efectos de lavarme bien el miembro
y orinar denodadamente antes
por miedo a no poder acabar

porque no se puede hacer todo a la vez
y quien corre detràs de 2 liebres ...

taller 2025 poesia caballito 153 770 4979

 Años fumando como un escuerzo

hacièndome bolsa, pelota
destruyèndome inexorablemente:

a los 16 años, mi primer cigarrillo, un verano soleado
en la calle, y todo por juntarme con giles:
giles que fumaban, se drogaban, tomaban alcohol
y murieron jòvenes, al pedo, al
divino botòn.

A los 16, dejè de hacer deporte, yo
que habìa hecho todos los deportes habidos y por
haber, yo, que era, ni màs ni menos, que un
deportista consumado (aunque amateur).

A los 17 ya fumaba un faso tras otro:
ya querìa dejar y no podìa: el tabaquismo me iba consumiendo,
ademàs, me alcoholizaba solo, solari yirigoyen:
recuerdo tomar una botella de cerveza de litro, una noche, en
Constituciòn y totalmente borracho
volver a mi casa, en medio de la noche desierta.

Ya por entonces, era algo asì
como una suerte de fantasma: vagaba por las calles sin rumbo fijo
o con mi amigo Asdrubal Sebastiàn Carreño (¿què serà de èl?)
tomàbamos 1 litro de cerveza en las plazas verdes y soleadas
luego de engatusar al amable almacenero del barrio
mediante vagamente sutiles artimañas
o simplemente abusando de su confianza
como si fuera un cuento de Felisberto Hernàndez
(su narrativa completa adquirida ùltimamente
en la Librerìa Hernàndez).

O tomàbamos cafè con leche en El Coleccionista
(arriba de ese bar notable vivìa Nalè Roxlo)
y comìamos un tostado, invitado por moi.

Còmo lamento haber gastado tanto dinero al pedo
en esos antiguos kioscos de mierda
que me vendìan veneno como hacièndome un favor
y nunca tenìan cambio: eran tan poco lo que ganaban
con la venta de tabaco y otras porquerìas que
so pretexto de no tener cambio
te vendìan caramelos y otras mierdas
que te hacìan pelota los dientes
para no hablar del cigarrillo.

Años bailando tango en esos salones llenos de humo
que irritaba la vista, enrojeciendo los ojos: no se veìa absolutamente nada,
nos manejàbamos con largavistas para invitar a bailar a las damas.

Sentados en hileras, nos desplazàbamos en ronda
en contra de las agujas del reloj
por lo cual, el tiempo pasaba volando, se disolvìa
como el azùcar en la taza de tè
como las volutas del humo del cigarrillo
que se volatilizaban en la nada.

No obstante, bailàbamos con las bellas
tangos, milongas y valses llamados criollos
pero todo no era màs que un lìmpido pretexto
una mera excusa galante
para tenerlas en nuestros brazos
y franelear suave y delicadamente
sus tiernas tetitas
llenas de maternal y sabrosa leche.

A veces tenìamos la dudosa fortuna
de acostarnos con ellas
en los màs turbios hoteles de mala o buena muerte
y en ese encamarse, creìamos ser felices
alcanzando la efìmera y extraña
felicidad del orgasmo, ese relàmpago inusitado
ese dulce terremoto interior e imprevisto
que llenaba las noches de dicha
y lo real o mundo tendìa a extinguirse de pronto
para dar solo paso a la existencia del placer.

O cenàbamos en la taberna de la esquina
con la profesora de gimnasia de dulces ojos
o con la psicòloga lacaniana
a los efectos no solo de morfar
sino de entregarnos a bizantinas discusiones acerca de
Lacan o el arte en general, por ejemplo:
el arte era algo con su peso especìfico o la especialidad de la casa
o era algo que simplemente atravesaba la vida entera
disolviendo sus lìmites y abarcando en consecuencia
el universo en general y o la naturaleza en particular?

Còmo me gustaban las mujeres!
Me parecìa mentira que pudieran existir criaturas tan bellas,
por otra parte, era profundamente prejuicioso o directamente
misògino, y por lo general, detestaba cordialmente
su manera de ser, sus histerias, sus descontroles, su falta de ètica,
sus intereses, sus egoìsmos, y en general, todo su mundo moral ...

Amaba la belleza ardientemente pero detestaba
la falta de verdad, de sinceridad, de autenticidad ...

Una mirada machista ciertamente, propia de un machirulo, lo admito, no
obstante, aquellos juegos sexuales o bàsicamente perversos
o incluso sadomasoquistas, aceleraban el orgasmo, permitìan una
cierta variaciòn sobre los mismos temas y la fractura de
una cierta monotonìa, una cierta rutina detestable ...

Pensar que hace años no tenìa esta molestia absurda
hoy acaso reactivada a causa del llamado sexo oral ...

Pero quiero volver a los màs gratos recuerdos:
con mi amigo Asdrubal
o mi amigo Claudio
o mi amigo Alejandro Acobino
hoy todos muertos por una razòn u otra
suicidados por la sociedad ...

Recuerdo las noches en que vagàbamos
por avenida Corrientes: hurtaban libros de las librerìas
ante la mirada atònita de los vendedores
salìan disparados hacia el obelisco egipcio
que como un falo està clavado en el corazòn de la ciudad
en el centro profundo
y es objeto de los màs variados rituales: las

gentes se reùnen a veces a su alrededor
con el objeto de celebrar algùn evento o victoria posible

pero nosotros luego de tomar algunos copetines
o de celebrar alguna muzzarela chorreante en alguna pizzerìa cercana
o deslizàbamos algùn piropo en el oìdo de las bellas
hoy un gènero en franca extinciòn como si se tratara de una especie animal
o del reino vegetal.

De ninguna manera arrojàbamos barrabasadas a las hermosas:
de ninguna manera, en absoluto.

Pero no tenìamos suerte alguna con las pendejas de nuestra misma edad
por lo cual tentàbamos fortuna con las màs veteranas
y nos sumergìamos en los lechos
nos zambullìamos en las camas matrimoniales o no
o entràbamos en los màs mugrientos y baratos hoteles alojamiento
o albergues transitorios
oscuros
con redondas camas giratorias o cuadradas
llenos de telarañas
siniestros francamente hasta la nàusea
hasta el hartazgo.

Lleguè a tener un cajòn repleto de peines negros de plàstico
y siempre estaba munido de una caja de profilàcticos
para no tener malas sorpresas, martes 13 imprevistos.

Pero lo cierto es que yo no tenìa un maldito centavo, una
puta moneda partida al medio
ya que me patinaba toda la plata ganada
con el sudor de mi frente
cafeteando absurdamente
llevando una absurda vida bohemia
que francamente no me llevaba a ningùn lado.

No me explico còmo las bellas podìan aguantarme:
es que no me soportaban realmente: era yo
demasiado demandante, segùn ellas y segùn recuerdo que ellas decìan:
nunca tenìa un maldito centavo, una fucking moneda
partida por la mitad
ya que me patinaba el dinero
comiendo afuera de casa
en los grandes bodegones del barrio
siempre repletos de comensales
ya que la comida era muy buena y muy barata.

Incluso a veces, concurrìa allì mismo
con alguna bella. Pero, mientras comìamos, algùn hdp
miraba desmesuradamente a la hermosa en cuestiòn
ponièndome los pelos de punta
ponièndome la piel de gallina, no por el miedo, creo,
sino porque no podìa estar peleàndome con medio mundo ...

Esa bella era bellìsima realmente, al punto tal que yo a veces
me preguntaba por què diablos me darìa pelota,
por què me daba su amable atenciòn:

fellatios en las plazas municipales
allì mismo donde habìa existido hacìa algunos años atràs
una escuela primaria
detràs de los arbustos
y mientras multitud de automòviles nocturnos
pasaban por la avenida Independencia.

Era tan bella esa mujer que las otras mujeres
la miraban con admiraciòn
tal vez se preguntarìan: què hace este encanto
con este monstruo o mero adefesio con anteojos culos de botella
y para colmo de males gordo y mal entrasado?

La bestia y la bella.

O con la rockera Alejandra en medio de un colectivo
varios tipos le decìan toda clase de sandeces
mientras yo no decìa ni mu
tenìa que comerla doblada
o simplemente me armaba y desarrollaba mi paciencia
como varias capas de ropa frente al intenso frìo invernal
o màs bien infernal

porque el infierno si existe
ha de ser como una pista de hielo
una càrcel de hielo
una vacìa catedral de hielo
poblada de invisibles fantasmas
cuyos dientes rechinan
y que tiemblan como hojas ...

Todas aquellas desnudas mujeres que amè
cuando dejaban caer sus ropas
eran relàmpagos que iluminaban las oscuras habitaciones
llenando con su luz corpòreas
aquellas sucias piezas de paredes descascaradas
y espejos ya enmohecidos y aùn deformantes ...

Pero antes de hacer el amor
recuerdo perfectamente
que me dirigìa al baño
a los efectos de lavarme bien el miembro
y orinar denodadamente antes
por miedo a no poder acabar

porque no se puede hacer todo a la vez
y quien corre detràs de 2 liebres ...