Por aquel entonces, el amor adoptaba formas decididamente lascivas
que paso a tallar con todo detalle: òsculos memorables de toda laya y prez;se plasmaba
en ardientes besos grandemente salivales: todo eso fluìa en forma de viscosos
fluidos de toda especie, gelatinosos, entre otras formas:
abrazos, grandes abrazos mutuos y nuevamente ardientes
(como si no existieran, acaso, otros adjetivos)
mordiscos incluso
incluso amorosos cachetazos depravados
y grandes y largos juegos sinuosos y absolutamente perversos
bàsicamente lujuriosos
llenos de fuego,
fuego y menstrual sangre lunar, lunàtica.
Esos amorosos lìquidos extraidos del cuerpo
con sus penetrantes aromas
entremezclados con perfumes y almizcles ciertamente baudelarianos
me importaban un bledo
3 carajos
un ràbano
un pepino
por el contrario,
esos olores corporales me volvìan loco de dicha, loco
de remate, al punto tal que
se plasmaba, por otra parte, en formas tentaculares
como si se tratara del monstruo de Victor Hugo
en los Trabajadores del Mar
el cèlebre alegremente Kraken
el azul unicornio que en cartas dirigidas a la familia
tanto ansiaba Manucho para su novela homònima
ese unicornio estaba parado en el gran comedor familiar
frente al Rìo de la Plata y al Hipòdromo de Palermo
esa carta estaba aplastada por un vidrio
pero se leìa perfectamente, sin ninguna clase de
inconveniente.
Y esto no era todo, decididamente: ademàs,
eran como grandes falos propuestos a la mirada del pùblico
lector. Pero no nos vayamos por las ramas y volvamos al centro de
nuestro poema: como iba diciendo, el amor adquirìa las siguientes formas
màs o menos vagamente siniestras, o no (todo da lo mismo, todo vale)
pero totalmente legìtimas: juegos
àvidamente sadomasoquistas y plenamente perversos (de mutuo acuerdo, eso sì)
consistentes en amordazar, vendar ojos, encintar con cinta adhesiva a la cama o
alrededor de una camilla, como una suerte de egipcia momia cinematogràfica, digamos
jolibudense. Cinturones, fetichismo abstracto, stilletos, botas bucaneras de grandes altos
tacos (para ser clavados en la pantalla del televisor o la computadora) largos guantes negros
(dedos cerrados) de lycra o terciopelo o en su defecto, rojos, rojos
a màs no poder, como una llama, una llamarada sangrienta, màs o menos cruel, crudelìsima.
Y luego el agotamiento total, quedarnos dormidos como 2 tortolitos,
desnudos y abrazados, en medio de la noche.
en medio de las sàbanas,
en medio de la habitaciòn deshabitada
de blancas paredes descascaradas
y repletas de grafittis.
Bajo los grandes espejos enmohecidos que reflejaban
aquella desnudez, aquel abrazo.
Y dejarse llevar por la Palabra
o mirar por la ventana el Palacio de los Juegos, justo enfrente
o mirar aburridos pornogràficos videos
tan aburridores y monòtonos
como el Marquès de Sade.
Cuantas desnudas parejas pasaron por aquellas hoteleras habitaciones,
aquellos cuartos desconchados
aquella piezas lujuriosas y violentas
llenas de gemidos y abismos varios
llenas de aullidos e imàgenes eròticas
bellamente obscenas
como si se tratara de una teatral escena
como un recòndito escenario nocturno.
Ahora, yo creo que este poema no da para màs
y por eso lo dejo aquì
porque ademàs en algùn momento hay que parar
dejar de escribir
escribir cansa
Pavese mediante
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