Relaciones absolutamente ambivalentes (al decir de Freud, Sigmund) eran las que
tenìa con la famosa Liliana Judith Q. (por razones obviamente evidentesy para evitar, dentro de lo posible, probables procesos legales, penales)
Ardientemente me atraìa su atractiva figura
pero su manera de ser (moral, èticamente hablando) me parecìa francamente
detestable, no soportaba
verla comer sola, deglutir ruidosamente, sorber y absorber a grandes y estruendosos
sorbos
toda clase de bebidas, brebajes, alcohòlicos o no.
Y como condiciòn ineludible para la concurrencia al hotel màs cercano
a los efectos de hacernos mutuamente el amor, sorbernos y absorbernos, chuparnos
recìprocamente etc. parecìa poner, oponer, como requisito previo e infalible
la concurrencia a la parrilla màs cercana (sita en en Avenida Diaz Velez y Acoyte, de esta
(y este) Capital, para màs datos,
donde procedìa a cortar y masticar en lenta càmara, grandes trozos
de carne, llena de esos condimentos que suelen aderezar en estos gastronòmicos
sitios. Luego,
con todos estos sabrosos aromas en su boca esplèndida
(a què negarlo: era una bocota para comerla toda a besos, roja y perfecta, modèlica)
nos dirigìamos caminando al hotel màs cercano
sito en un pasaje a la vuelta y casi enfrente de una estaciòn de servicio
con su olor a nafta, aguarràs etc.
Allì hacìamos el amor.
Su cuerpo era opulento y magnànimo
de grandes pechos llenos de sabrosa leche materna
que ansiosamente esperan ser chupados y succionados a màs no poder
hasta el final: era una lady de
grandes gemidos que llenaban todo el espacio del hotel
y no exagero, no es hipèrbole: estoy seguro que se
podìan escuchar
a varias cuadras a la redonda
en medio de la noche y su silencio de sàbado.
Recuerdo exactamente como me gustaba chupar aquella boca roja y perfecta
aquellos senos grandes y puntiagudos
aquellos vaginales labios
aquellos clìtoris
aquella vulva
lejana en el tiempo
y que me genera una total nostalgia
en efecto, extraño aquella extraña mujer que me generaba
ambivalencias y ambigüedades varias
dignas de Catulo
Horacio
Freud
et toutes les autres
sin ir màs lejos ni cerca.
Despuès a dormir a su casa
ubicada al fondo de una inmobiliaria de Caballito
en la que procuraba ella vender o alquilar
toda clase de propiedades
durante la semana
y en la cual a veces cenàbamos allì
suculentas empanadas de carne, pollo, jamòn y queso etc.
que dejaban el ambiente impregnado de acres
aromas
y luego dormìamos en los grandes colchones
o en la habitaciòn o cuartito del fondo
repleto de toda clase de libros de poemas
primeras ediciones incluso
o acerca de otros temas como reiki, marxismo, acupuntura, programaciòn
neurolingüìstica, counseling, psicologìa genètica y
similares.
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