viernes, 16 de mayo de 2025

taller de poesia en barrio de Caballito

 Sueños en medio de la noche màs sangrienta, sueños de colmillos careados

como vampiros o vampiresas vagamente cinematogràficos, rusas ensaladas,
como distantes magnolias y escobas, peinando atardeceres, fraguando escàndalos.
Dije escobas pero podrìa haber dicho clavos, platos, ayeres, sustancias varias, diversas.

Sueños, tesoros, a pleno dìa, bajo el sol de la mañana, niños, escuelas, pueblos.
Guernica. De una escuela a otra, bajo el sol sudoroso, aulas, caminos, maestras.
Guernica, Glew, Korn, pueblos enteros bombardeados por el neo o paleo liberalismo.
Guernica, lo recuerdo perfectamente aunque a los lejos: historias, poemas, risas, countries.

El tren durante la noche o la mañana. Espera. Panchos sabrosos, chatarra comida.
Deliciosa comida basura que fatalmente me engordaba. Pròtesis dentaria. Caraza.
Villa Diamante. Jardìn. La calle estaba salada, picante. Picante y sin metàforas!

Lanùs este y oeste. Chingolo. Barrios. Barrio Santa Elena, Parque Americano.
Soldati y el premetro mientras llevaba matafuegos a la fàbrica para ser cargados.
Y mi compañero de primaria como chofer, en la madrugada infernal y angèlica, celeste.

taller de poesia Caballito 2025

 Detesto la vejez, detesto sus achaques, sus miserias, en especial, en una anònima

sociedad que glorifica la juventud. Yo tambièn fui joven, yo tambièn anduve de parranda
por las calles de la noche, al final de la noche, bajo un cielo tachonado de estrellas, llena
la luna, plena, fantasmal, como en un poema de Antonio Machado, el intitulado justamente

Noche de verano. Yo tambièn me encamè con las hipnotizantes muchachas en los màs
sòrdidos hoteles pobres, mientras afuera llovìa a torrentes y adentro de la habitaciòn en
cuestiòn, hacìamos toda clase de cosas màs o menos pecaminosas: hablar, besarnos
y nada podìa con nosotros, ni siquiera la lluvia, el torrente desatado por la ciudad.

Eso fue todo o casi todo: poesìa, poemas, talleres mecànicos y literarios, mujeres, sexo
implìcito y/o explìcito, achaques, añicos, astillas: toda clase de objetos por todas partes,
màgicos rigores borgeanos (o borgeseanos) y en la ciudad doliente, mi juventud a campo

traviesa. Mi juventud que amò a diestra y siniestra, en las madrugadas o bajo el sol del
mediodia; en el invierno màs infernal por lo gèlido: castillos de hielo y un ventanal enfrente
del porteño hipòdromo, un unicornio no azul sino codiciado epistolarmente por Manucho.

poemas de la vejez

 La cama es lugar de nacimiento, de

amor, sueños y
muerte.

Sexo crudo y explìcito con toda clase de reinas o princesas
pero tambièn el espacio de la enfermedad, el dolor, los achaques de la vejez-

Làstima haberme hecho pelota, bolsa, tomando porquerìas quìmicas
remedios peores que enfermedades
que me hacìan bolsa el estòmago, los intestinos, la pròtata, la vejiga:
me dejaban irritado durante dìas, noches enteras
sin poder dormir, soñar.

Me acostaba, me encamaba
con esas damas lujuriosas y atractivas
desdentadas a veces
finamente grotescas, elegantes en su vulgaridad.

Esas bellas desnudas que gemìan en medio de la noche
y del hotel, cuyos gritos se escuchaban en todo aquel palacio, palacete.

Nòmades, fungìamos como amantes sonrientes y desesperados, àvidamente celosos
en la desviaciòn.

Esos cuerpos de madonnas desnudos, eficaces, bellamente torneados.

Esas sonrisas y esas miradas que ya nunca volveràn
se han ido para siempre.

Y siento como la Muerte se me acerca, lentamente, pero con cierto sarcasmo
y seguridad.

La encuentro, a veces, yo tambièn, meando detràs de la esquina.

Si tan solo hubiera cambiado de colchòn a tiempo
no me hubiera hecho bolsa la cintura, en la espalda.

Muchas veces, me siento francamente estùpido: la cabeza no funciona muy bien
y repito las mismas frases cientos de veces
como si fuera algo asì como un descerebrado
como reza la canciòn
de los paranoicos ratones.

La, justamente, paranoia, a menudo, me hace cometer
toda clase de garrafales errores o simplemente toda suerte
de idioteces irremediables: es como si algo me moviera y no supiera què es:
el sexo
el inconsciente
el dinero
el mercado laboral y econòmico
el reconocimiento (Hegel mediante).

Mientras tanto, procuro escribir
poemas sin poesìa
poemas prosaicos
poemas narrativos.

La Poesìa, ¿no puede narrar, contar una historia ella tambièn
como tantas letras de canciones, romances, epopeyas?

Una cama giratoria
en el telo de enfrente de la comisarìa.

Por què diablos mi padre tomarìa cientos, hectolitros de cafè
sabiendo, imperfectamente, que le disparaba la presiòn?

Lamentablemente, al borde de la Muerte, debo despedirme de todos Uds.
Y no es una mera ficciòn, sino una absoluta realidad o verdad.

Mientras tanto, escribirè
mi penùltimo poema.

El gran poeta argentino se llama, se llamò y se llamarà siempre
Juan Peròn.

El gran poeta es el pueblo
que sin darse cuenta crea en todas partes y en todo momento
esa gran creaciòn colectiva: el lenguaje, la
ciudad.

Y què queda luego de siglos, incluso milenios?
La ciudad, el lenguaje.

Es cierto, nos compenetràbamos
nos matàbamos
en una hermosa locura
o locurita amatoria.

Lo recuerdo como si fuera ayer aunque lejanamente ...
Todas aquellas mujeres vestidas y luego se desnudaban
miràndome siempre a los ojos.

Realmente, fue un viaje maravilloso aquel
un planeta extraño y cruel
un camino bello y terrible, a la vez.

Recuerdos del planeta Tierra ...

Colchones, colchonetas donde hacìamos el amor ...
Parques, terrazas, escaleras!

Y aquellas sustancias dulces, calientes y suavemente viscosas
que salìan de los cuerpos: la àurea orina, por ejemplo.

Esas altas y rojas grietas sonrientes, esas vainas, esos peces.

Todo era màs o menos ilusorio y vagamente mental.
Meras construcciones edilicias y craneanas, craneadas durante las noches
de luna llena
o sino bajo un farol-

Aquellos bailes, aquellas milongas, recuerdo todo muy lejanamente:
aplausos incluso, sonrisas, miradas, los cuerpos finamente abrazados ...

Recuerdo todo muy lejanamente: el poema repite, tiende a repetirse como obsesiones
como grietas sagaces
como espasmos orgàsmicos o intestinales.

Hubiera querido ser joven para siempre: detesto la vejez.

Mientras los ancianos se aman en medio de la penumbra,
tras las ventanas, como un càlido secreto, como un misterio fiel.

Aquellos literarios talleres en los que leìamos durante dìas, durante
noches, como si la vida fuera interminables, mientras saboreàbamos altas
y dulces copas, copetines.

Copeteado y encorbatado, el poeta caminaba, en la foto, por la calle Florida, creo, si no
me equivoco.

Los dientes se aflojan y caen, la vista ìdem
y no soporto la decadencia de la vejez
aunque algunos autores sugieren aceptar sus consecuencias ùltimas.

Catacresis.

miércoles, 14 de mayo de 2025

poemas sobre la vejez 2025

 ni siquiera conmigo mismo: no tengo ganas, ya nada me excita o calienta

duermo mal, me despierto por las noches, tengo sueños rarìsimos
que al despertar ya ni recuerdo o los recuerdo en el momento de despertar
pero luego olvido casi todo: quedan imàgenes borrosas que no logro descifrar

me recito viejos poemas por las noches, recuerdo cosas extrañas que luego olvido:
leo libros en la cama, libros usados, viejos: escribo poemas que no lo son, poemas
apòcrifos, pseudopoemas; mastico comidas blandas, por lo general frutas, frutos
mientras miro en el televisor programas de chimentos o noticieros sangrientos

escucho voces por meet mientras escribo este poema: pronto cenarè mientras miro tv
la espada de Damocles afirma el "Señor Director" acerca de vaya a saberse què:
estoy absolutamente harto de todo y de nada, detesto la vejez, con razòn decìa mi abuela

que no querìa ser vieja: tenìa razòn pero entonces yo era solo un niño que no entendìa nada
ahora entiendo algo o todo, ahora que soy viejo y me voy cayendo de a poco a pedazos,
y me citan a una mesa eleccionaria para este domingo a las 7 de la mañana, como auxiliar

taller de sonetos Caballito

 tomando porquerìas me hice bolsa el estòmago, los intestinos

pràcticamente todo el aparato digestivo y ya no sè què carajo hacer:
me duele todo, ya no puedo dormir, especialmente por las noches
me siento francamente idiota por ser crèdulo e incauto

ya no se puede confiar en nadie, te venden porquerìas que te hacen pelota
con tal de vender venden cualquier basura y eso en la farmacia del barrio
la farmacia de toda la vida: què està pasando Dios mìo en este mundo?
los dientes de pronto se aflojan y caen, escucho gritos en la calle por la ventana

las mujeres ya no me miran o me dan vuelta la cara como si fuera un monstruo
o algo por el estilo, yo, que fui joven y hermoso, o asì al menos me parecìa, ahora
soy un viejo choto que se cae a pedazos, me ha llegado la hora parece, què porquerìa la vejez

detesto la vejez abundante en toda clase de dolencias y errores, bajè 20 kilos en 2 meses
comiendo solo fruta y verdura, huevos duros, haciendo un poco de ejercicio
miro televisiòn, leo libros, soy feliz, respiro, tomo agua, voy al baño y sobrevivo como puedo

taller de poesia gratuito en Caballito

 Soy fatalmente imbècil, segùn èl: ahora me parece

que tenìa toda la razòn del mundo, sin embargo, recuerdo una noche en San Telmo:

habìa una morocha o morena pero yo tenìa novia
por eso, no me decidìa a besarla y hablàbamos
bajo el manto de estrellas, muy cerca de la facultad neoclàsica de ingenierìa
de bueyes perdidos, no recuerdo absolutamente nada pero recuerdo que 
hablàbamos de algo, ah sì, una pileta en la ciudad universitaria, una pileta sì, ella concurrìa
allì parece, eso decìa la morocha, alta y delgada, hermosa y joven, decididamente

o aquella otra pendeja, que bailamos y lugo salimos hacia la noche, los 2 solos
pero yo no me atrevì a besarla, no sè por què, quizàs por miedo a su negativa
pero es que ella me pidiò que la acompañara a la parada del colectivo: nunca màs
la volvì a ver y no sè si muriò de amor o què: 
vaya uno a saber

y esa otra con quien viajamos en un taxi, siempre de noche o durante la noche, un taxi
un taxi hacia quien sabe donde, un hotel seguramente, algo, alguien, algas
(el tachero nos miraba por el espejo
como si se tratara de una pelìcula jolibudense
o una cierta novela policìaca, negra)

bailàbamos apretados siempre, los ojos usualmente cerrados, y sin embargo, no me 
chocaba con nadie!  rarìsimo

en fin, añoro esos viejos tiempos y no este presente en que me siento y acaso soy
un viejo choto, chocho, gagà

y como iba diciendo: talleres literarios a los que concurrìamos
con mi amigo Asdrubal Sebastiàn Carreño (je)
al solo efecto de levantarnos pendejas, pero no, miento, quiero mentirte, a decir
mentira: amàbamos la literatura, la 
Poesìa, no menos que a las pendejas, claro

còmo nos gustaban las minas, por Dios, eran una cosita tan hermosa, tan linda, 
parecìa realmente mentira que existieran sobre la faz del planeta
criaturas tan bellas
casi angelicales, angèlicas

nos desvivìamos por ellas, enloquecìamos
y les escribìamos poemas francamente espantosos por lo pèsimos (sin rima, para colmo de
males) 
o les recitàbamos al oido, previo chamuyo sutil, poemas presuntamente romànticos
de grandes autores antiguos
oportunamente aprendidos de corazòn, de memoria

por ejemplo: el otoño y los niños
por ejemplo: soneto de tus vìsceras
verbigracia: el grillo
y otros parecidos

ellas parecìan volverse locas
adentro de sus grandes tapados de piel o de cuero
o dentro de sus autos de alta o baja gama
que a veces me parecìan 
verdaderas naves espaciales por lo suntuosas, por lo 
ampulosas o confortables

yo fungìa a veces como profesor de baile
o simplemente como bailarìn profesional o amateur, segùn el caso
pero a veces llovìa a càntaros, torrencialmente todo se iba al diablo:
no tenìa plata para el hotel alojamiento, la dama en cuestiòn se ofendìa
a veces accedìa a pagar el albergue
o ìbamos a su depto, allà en San Telmo, su hermano no estarìa o era todo chamuyo, què
se yo, hacìamos el amor en medio de la noche
y sus gemidos parecìan oirse
a varias cuadras de distancia o a la redonda

ardientemente besaba su boca roja de cuarentona solitaria
que desplegaba su expertise en una empresa editorial archifamosa

o en un bar extremadamente reducido llamado Sarajevo en la calle Defensa
nos apiñàbamos para bailar unos buenos tangos
y tomar copas, copetines absolutamente deliciosos
a bajo precio

aquellas noches de 1990!

aquellas pizzas de muzzarella chorreantes y calientes!

aquellas empanadas de carne chorreantes de aceite!

humeantes! como en una televisiva publicidad
que oculta perfectamente su proceso de producciòn
mediante toda clase de artilugios y tècnicas bàsicamente audiovisuales:

poesia realista en barrio Caballito

 O al menos me siento asì: cometo

toda clase de idioteces imperdonables: prostitutas, pornografia sadomasoquista etc.

por otra parte, pierdo dientes, la vista
soy estùpidamente crèdulo, incauto, ya no se
puede confiar en nadie, ni siquiera en la farmacia del barrio de toda la vida, ni en la òptica del
barrio: te garcan mal, te sacan las muelas con tal de ganar màs dinero, te
venden

cualquier basura con tal de vender

ya no se puede confiar en nadie (ni siquiera en uno mismo)

cometo toda clase de errores garrafales y bàsicamente imperdonables:

ya no veo bien, no leo bien, la
letra de los libros es màs o menos microscòpica, por las
noches pienso en antiguas damas o damiselas que conocì antaño
en los viejos tiempos

o simplemente me las imagino al cerrar los ojos
como si se tratara de un cierto video vagamente eròtico

esto no es todo: la dentadura postiza casi se me cae al dar clase
delante de cientos de alumnos y ojos que me miran
mientras recito antiguos poemas inolvidables, olvidados
que ya nadie recuerda o casi

esto no es todo: de pronto o de golpe, me olvido de toda clase de cosas
incluso tal vez de mi nombre, todo su vuelve màs o menos
inestable, por asì decirlo, la tradiciòn se rompe en 1000 pedazos, todos
miran sus celulares en todas partes: en el subterràneo por ejemplo
mientras pasan los mendigos y nadie ya les dani monedas ni billetes
por la sencilla razòn que la mayor parte de las transacciones comerciales
o de todo tipo
se hacen mediante pagos electrònicos, tarjetas de crèdito o dèbito etc.

mientras tanto se me caen los dientes y debo ocultar este maldito hecho
mediante pròtesis harto incòmodas, yo, que fui un joven delgado y hermoso
bailarìn de contraseña
bailarìn aficionado
de tango, milonga y vals

me cuesta morder y la pròtesis a veces de repente se despega
los anteojos culo de botella para colmo de males ya casi no me sirven
y no veo un pepino: me cuesta leer mis amados libros
todo tiende a costarme un huevo y medio del otro
un ojo de la cara

esto no es todo: ando mal del estòmago y hay un montòn de cosas ricas
que ya no puedo comer, en fin, comida chatarra, esas cosas

por todo ello es que me siento muchas veces irremediablemente idiota
y trato de ocultarme: las personas parecen mirarme con cierta extrañeza
como si yo formara parte de un cierto video clandestino
que circulara sin mi consentimiento por internet
o acaso es mera persecuta mìa, no lo sè, pero a veces (paranoide) sospecho eso
yo, que fui profesor de baile
en el mediodìa porteño
en un instituto psiquiàtrico
de la Avenida Còrdoba
de esta Capital

o en viejos cines o salones
de la Avenida Boedo, los domingos por la noche: el Salòn Croata era un ex cine
cuyo piso se inclinaba levemente
y estaba repleto siempre de viejos bailarines de tango
que por las noches del sàbado bailaban
silenciosamente
los ojos cerrados
las orejas bien abiertas
metidas en el laberinto del Tango nuestro

mientras se abrazaban tempranamente
y se franeleaban dialècticamente
y se chamuyaban al oìdo
como si la noche fuera interminable

como si la noche fuera inacabable
bailaban sin parar
desplazàndose en la ronda por el borde de la pista
en contra de las agujas del reloj
cuando se estilaba usar reloj pulsera

me duele la cintura y no sè si es por falta de ejercicio
o simplemente el colchòn ya reblandecido
las palabras se me escapan
los bailarines bailan en el pasado distante, ojerosos quizàs
pero no obstante ...

en el centro de la pista bailaban los primerizos
que se dejaban llevar por la mùsica
y despuès, a comer una sabrosa pizza de muzza, muzza
allà en la esquina, mientras el mosaico nos saluda

o en el bar de la esquina
de Canning y Còrdoba

Canning, es decir Scalabrini Ortiz
aquel de los ferrocarriles
aquel del hombre solitario que espera algo
Godot acaso

tantos salones de baile, cuando tenìa mi dentadura completa
tantas milongas, cuando fui joven y hermoso
y las minas me sonreìan o me miraban
no todas, claro, algunas, digamos

se me regalaban, a veces
se me entregaban, me levantaban ...

minones infernales sabiamente escotados
faroles escandalosos
y nalgas audazmente torneadas
en el Viejo Correo
o en el Salòn Canning
o donde sea

lo cierto es que ...

todo se diluye en el aire
todo se volatiliza

pràcticamente, ya no sè quien soy