La cama es lugar de nacimiento, de
amor, sueños ymuerte.
Sexo crudo y explìcito con toda clase de reinas o princesas
pero tambièn el espacio de la enfermedad, el dolor, los achaques de la vejez-
Làstima haberme hecho pelota, bolsa, tomando porquerìas quìmicas
remedios peores que enfermedades
que me hacìan bolsa el estòmago, los intestinos, la pròtata, la vejiga:
me dejaban irritado durante dìas, noches enteras
sin poder dormir, soñar.
Me acostaba, me encamaba
con esas damas lujuriosas y atractivas
desdentadas a veces
finamente grotescas, elegantes en su vulgaridad.
Esas bellas desnudas que gemìan en medio de la noche
y del hotel, cuyos gritos se escuchaban en todo aquel palacio, palacete.
Nòmades, fungìamos como amantes sonrientes y desesperados, àvidamente celosos
en la desviaciòn.
Esos cuerpos de madonnas desnudos, eficaces, bellamente torneados.
Esas sonrisas y esas miradas que ya nunca volveràn
se han ido para siempre.
Y siento como la Muerte se me acerca, lentamente, pero con cierto sarcasmo
y seguridad.
La encuentro, a veces, yo tambièn, meando detràs de la esquina.
Si tan solo hubiera cambiado de colchòn a tiempo
no me hubiera hecho bolsa la cintura, en la espalda.
Muchas veces, me siento francamente estùpido: la cabeza no funciona muy bien
y repito las mismas frases cientos de veces
como si fuera algo asì como un descerebrado
como reza la canciòn
de los paranoicos ratones.
La, justamente, paranoia, a menudo, me hace cometer
toda clase de garrafales errores o simplemente toda suerte
de idioteces irremediables: es como si algo me moviera y no supiera què es:
el sexo
el inconsciente
el dinero
el mercado laboral y econòmico
el reconocimiento (Hegel mediante).
Mientras tanto, procuro escribir
poemas sin poesìa
poemas prosaicos
poemas narrativos.
La Poesìa, ¿no puede narrar, contar una historia ella tambièn
como tantas letras de canciones, romances, epopeyas?
Una cama giratoria
en el telo de enfrente de la comisarìa.
Por què diablos mi padre tomarìa cientos, hectolitros de cafè
sabiendo, imperfectamente, que le disparaba la presiòn?
Lamentablemente, al borde de la Muerte, debo despedirme de todos Uds.
Y no es una mera ficciòn, sino una absoluta realidad o verdad.
Mientras tanto, escribirè
mi penùltimo poema.
El gran poeta argentino se llama, se llamò y se llamarà siempre
Juan Peròn.
El gran poeta es el pueblo
que sin darse cuenta crea en todas partes y en todo momento
esa gran creaciòn colectiva: el lenguaje, la
ciudad.
Y què queda luego de siglos, incluso milenios?
La ciudad, el lenguaje.
Es cierto, nos compenetràbamos
nos matàbamos
en una hermosa locura
o locurita amatoria.
Lo recuerdo como si fuera ayer aunque lejanamente ...
Todas aquellas mujeres vestidas y luego se desnudaban
miràndome siempre a los ojos.
Realmente, fue un viaje maravilloso aquel
un planeta extraño y cruel
un camino bello y terrible, a la vez.
Recuerdos del planeta Tierra ...
Colchones, colchonetas donde hacìamos el amor ...
Parques, terrazas, escaleras!
Y aquellas sustancias dulces, calientes y suavemente viscosas
que salìan de los cuerpos: la àurea orina, por ejemplo.
Esas altas y rojas grietas sonrientes, esas vainas, esos peces.
Todo era màs o menos ilusorio y vagamente mental.
Meras construcciones edilicias y craneanas, craneadas durante las noches
de luna llena
o sino bajo un farol-
Aquellos bailes, aquellas milongas, recuerdo todo muy lejanamente:
aplausos incluso, sonrisas, miradas, los cuerpos finamente abrazados ...
Recuerdo todo muy lejanamente: el poema repite, tiende a repetirse como obsesiones
como grietas sagaces
como espasmos orgàsmicos o intestinales.
Hubiera querido ser joven para siempre: detesto la vejez.
Mientras los ancianos se aman en medio de la penumbra,
tras las ventanas, como un càlido secreto, como un misterio fiel.
Aquellos literarios talleres en los que leìamos durante dìas, durante
noches, como si la vida fuera interminables, mientras saboreàbamos altas
y dulces copas, copetines.
Copeteado y encorbatado, el poeta caminaba, en la foto, por la calle Florida, creo, si no
me equivoco.
Los dientes se aflojan y caen, la vista ìdem
y no soporto la decadencia de la vejez
aunque algunos autores sugieren aceptar sus consecuencias ùltimas.
Catacresis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario