sábado, 17 de mayo de 2025

taller de microrelatos en Caballito 1537704979

 Una vez salì con 2 minas, durante un año y pico, màs o menos.

La cosa fue asì: una no sabìa nada, la otra sabìa todo o casi todo y fungìa u oficiaba como amante o de amante despechada que no hacìa otra cosa que, frecuentemente, conminarme a que cortara relaciones con mi novia, vamos a llamarla asì.
Lo cierto es que un sàbado quise hacer doblete pero me saliò la culata por el tiro: se me juntaron las 2 minas y se armò un bolonqui bàrbaro: en un cafè del centro, los 3 sentados a una mesa, la amante le anoticiò a la oficial, digamos, solo por llamarlas de alguna manera o ponerles nombres, que hacìa un año (aproximadamente) y pico que la cuerneaba todo el tiempo o mejor dicho cada semana.
Para hacerla corta, al poco tiempo seguìa saliendo con las 2, hasta que tarde o temprano, màs temprano que tarde, todo se fue al reverendo carajo y al final me quedè sin la torta y sin el pan.
Y eso es todo el relato, todo lo que tenìa para contar o contarles.
Pero era joven y poco despuès salìa con otras jòvenes o pendejas, asì que està todo bien, està todo màs que bien.
Porque era jòven y las minas me seducìan, me daban pelota, me llevaban el apunte, y era joven y feliz, sin saberlo, recièn ahora me doy cuenta pero es demasiado tarde, demasiado, tarde.
Siempre me es o me resulta demasiado, demasiado tarde, tardìsimo.

microprosas argentinas 2025

 Una vez me estremecì de goce o gozo: se trataba de una mina pulenta que me volvìa loco de dicha, como dijo el poeta, antipoeta màs bien, influencia angustiosa. Lo cierto es que la nami en cuestiòn parecìa un relàmpago errante, un relàmpago doliente y lustroso, relàmpago enlutado. Y me abrazaba, me buscaba, me iba a buscar a la biblioteca municipal donde habìa laburado Borges en los 40 aprox., y me hundìa la lengua hasta el fondo de la garganta, era terrible Valeria, se llamaba Valeria, sì, yo solìa llamarla simplemente Vale, de vago nomàs o porque todos la llamaban asì.

Se llamaba o se llama Valeria Bianchi.
Pero ¿cuàntas minas hay que llevan ese nombre o se llaman asì?
Me volvìa loco esta mina al punto que me saturè francamente de tanto sexo, porque yo siempre digo, o desdigo: hay que tener cuidado, mucho cuidado con el punto de saturaciòn porque lo que te gusta puede dejar de gustarte, he ahì el problema.
Hay que tener cuidado con ese asunto yo siempre digo, hay que tener mucho, sumo cuidado, ojo.
Y bue, què se le va a hacer, la vida es asì.
De carne somos.
Y bueno, soy argentino.
¿Yo? Argentino.
O màs bien argento.
Eso es todo o es casi nada. Pero en algùn momento hay que cortarla y dejar de escribir pavadas, la hora de la pavada, la edad del pavo.
¿No?
¿O no?

poemas realismo sucio argentinos

 si algo me gustaba era acostarme encamarme con mujeres en hoteles humildes berretas

o donde fuera plazas parques pùblicos por ejemplo el Parque Centenario o la plaza que
hicieron en mi vieja escuela que tiraron abajo en la època de la Dictadura cìvico militar
(ahora se dice asì por la complicidad de ciertos empresarios o civiles, su connivencia)

contra àrboles o contra descascaradas paredes muros àrboles cuya copa llegaba hasta las
estrellas y cuyas raìces se extendìan hasta el centro de la esfera terrestre o sino en las casas
de ellas o en la mìa el tema era dònde y cuàndo no tenìamos un centavo una maldita moneda
partida al medio èramos pobres como arañas casi nos comìan los piojos pero eso no impedìa

que nos amàramos con frecuencia a menudo en los màs abyectos y sòrdidos espacios en
terrazas en escaleras en cualquier parte donde sea ademàs estaba el dinero el tema
monetario dinerario cometario planetario los padres celosos que me esperaban desde algùn

lugar para darme la biaba una paliza una golpiza chaschas en la colita y yo escapaba de
allì como podìa huìa con su hija hacia la cafeterìa màs cercana con el objeto de cafetear
un rico cafè con leche con medialunas de grasa o de manteca en general asì pasaba esa

mañana y fumàbamos a lo loco se faseaba en lugares cerrados en aquella època
y charlàbamos y platicàbamos y besarnos con carpa con carpeta porque el dueño del
boliche podìa ofenderse romper las pelotas llamarnos la atenciòn retarnos digamos
habìa que andarse entonces con sumo cuidado no sea cosa que nos rajaran a la mierda

realismo sucio argentino poemas 2025

 Una vez cuando tenìa 28 29 años, me pasò algo màs o menos terrible

y absoluta o francamente lamentable, por decirlo asì, por asì decirlo:
me emborrachè en el cumple de Ricardo Schmidt (¿se escribe asì?)
pues no habìa otra cosa para tomar + que bebidas espirituosas, alcohòlicas, vamos.

Y encima cometì la idiotez de mezclar todas de modo que en pocos minutos
estaba borracho como una cuba, como se dice habitualmente. Cuando me fui de allì
se me dio por recalar en el boliche llamado Viejo Correo (hoy ya no existe, hay, creo, una
jugueterìa, o algo por el estilo, grande, coqueta) y dio la casualidad y no sè por què

(yo debìa tener un aliento espantoso, no sè còmo una mina màs o menos bonita me
podìa dar bola, pelota, en aquellas absurdas circunstancias) una chica me prestò su
amable atenciòn, de modo que comenzamos a bailar boleros: el baile estaba terminando

se ofreciò a llevarme en su auto pero yo comenzè a vomitar vi còmo se alejaba en su vehìculo
fui caminando hasta mi hogar en zig zag pero no daba màs lleguè al parque y me acostè
en un banco me quedè dormido despertè de madrugada seguì caminando a casa me acostè y

dormì a la mañana siguiente no recordaba absolutamente nada excepto lo señalado lineas
o versos (si se quiere) màs arriba de ahì el tìtulo del poema, si se quiere y si no, tambièn.

poemas filosoficos argentinos 2025

 Descartes me interesaba muchìsimo, soberanamente, un filòsofo importante,

evidentemente; extrañamente, leìa el diccionario de Ferrater en la biblioteca del
Instituto de Geografìa, ahora lo recuerdo, serìa por mi novia Milena Braun, que
estudiaba justamente geografìa en la facultad. Allì pasaba tranquilamente tardes

enteras mientras los futuros geògrafos leìan sus libracos; allì tambièn vi como un
profesor ciego daba clases a Milena: yo le hacìa señas a ella procurando que el otro no me
descubriera, pero ella no me daba ni 5 de pelota: efectivamente, parecìa decirme por señas
que me fuera a la mierda, que no rompiera màs las pelotas, las guindas, los quinotos.

En efecto, me fui ese dìa, pero otros dìas volvì, claro que volvì allì: era un lugar re tranqui
(o tranca, como dicen ahora) y a la tarde temprano no habìa casi nadie, asì que podìa leer
tranquilo libros de filosofìa o incluso de historia, grandes y hermosos libracos, volùmenes.

Y cuando finalmente cortè con Milena, igual seguì yendo a la dicha biblioteca, y leìa un
broli tras otro, y fumaba un faso tras otro (como un escuerzo) y me sentìa el tipo màs feliz
del mundo y en efecto lo era, ahora me doy cuenta, ahora que siempre es demasiado tarde,

siempre es demasiado tarde, ahora que soy un viejo choto y las minas no me dan ni 5 de
bola, y vuelve a llover, hace 3 dìas que llueve fuerte sin parar, no para màs, no para.

sàbados y domingos de super acciòn

 Yo, en los 70 y 80, cuando era un pibe, siempre miraba los sàbados y domingos

por la tarde, las pelìculas de ciencia ficciòn de los 50 y 60 que pasaban en televisiòn
cuyo ciclo se llamaba (si mal o bien no recuerdo) sàbados de superacciòn. Sentado
frente al aparato televisor, me sentaba a ver esas pelìculas extrañìsimas que consistìan

bàsicamente, en lo siguiente: viajes a la Luna o a Marte, monstruos diversos al llegar al
planeta en cuestiòn, gelatinas viscosas en las que se hundìan fatalmente los astronautas,
hèroes principales de aquellos melodramas francamente ilusorios, o series de televisiòn
como Viaje a las estrellas, o cosas por el estilo, todo ello en blanco y negro, por supuesto.

Eran extrañìsimas esas pelìculas, esas series televisivas en blanco y negro (el poema tiende
a repetirse, indefinida y recursivamente, esa parece ser su naturaleza convulsiva y sobre
todo polivalente, ambigua, ambivalente si seguimos o queremos seguir a Freud).

Me encantaban realmente esas pelìculas extravagantes por no decir raras (raras en el
sentido rubeniano o rubendariano) estrafalarias, en blanco y negro, los sàbados y
domingos, por regla general, en mi casa o en lo de mi Tìa Eugenia, mi Tîo Isidoro.

poemas politicos argentinos 2025 buenos aires

 El gran poeta argentino se llama Juan Domingo Peròn

porque dio dignidad a la clase trabajadora
y dio su vida entera por la causa de los màs humildes
quienes siempre lo reconocieron como abanderado.

Aunque algunos lo acusen de fascista o cosas por el estilo:
bonapartista, reformista, populista, demagogo y otras hierbas
todos los rìos de Argentina son peronistas, como dijo el poeta
porque desembocan en el universo, o algo asì (estoy citando de memoria).

Eva Peròn o Eva Duarte, Isabel Peròn o Martinez: Peròn era feminista
pero tambièn paternalista. Me gusta el estilo de Peròn: su oratoria, sus discursos.
Ahora, lo que no me gusta mucho es la estructura verticalista o solapadamente machista

del Partido, llàmese comunista o socialista o como se llame. Y hay que admitir que hay un
cierto machismo en todo ello, dando vueltas, yèndose por las ramas, un cierto determinado
autoritarismo que no me gusta nada, ese verticalismo, ese, digamos, clientelismo, en fin.

poesia narrativa en buenos aires capital federal

 Rock puede ser bailando en el boliche llamado museo rock

(¿museo rock? què nombre màs raro, ¿què tendrà que ver el rock con un museo?)
o sino en lugares como escuelas (por la noche) la escuela de noche, museo
rock. En fin, bailando rock con las pendejas màs hermosas y con las jovatas

màs lindas de de aquellos lugares: dando vueltas y vueltas sin parar y locamente
descerebrados y màs o menos pulcros; las pendejas hermosas con sus faldas, en sus
vestidos floreados, con sus musculosas o remeras que les remarcan sus tetitas, sus
pezones: girando y tirando pasos, figuras de baile o penales, en fin, bailando sin parar!

Droga, a veces: nevados en medio del baile y los bailarines husmeando, olfateando esa
marihuana sabrosa, mi novia de entonces, bellamente rockera y drogadicta: Alejandra,
una piba pierna, una mina gamba, que volvìa relocos a los turritos, con sus ojos verdes

y su pelo rojo como una llamarada roja y fugaz. O bailàbamos tango en La Viruta o en Grisel
al comienzo del baile, cuando no habìa nadie en la pista y tenìamos toda la pista para
nosotros 2 (una novela de Nèstor Sànchez) y encima entràbamos gratarola a esa hora.

poemas narrativos en buenos aires capital

 Ahora estoy solari, pero todas las mujeres que amè

desde mi juventud, una y 1000 veces.

Lo cierto, es que solo no se va a ningùn lado
o no se llega muy lejos, conviene consultar a los amigos
a los vecinos, a los conocidos o, en todo caso, mèdicos, dentistas, psicòlogos etc.

Pero siguiendo con el tema en cuestiòn, el tema amatorio:
Todas las mujeres que amè, y nos acostàbamos, nos encamàbamos
en los hoteles màs pobres, màs poligriyos,
oscuros, con gemidos de mujeres a lo lejos o a lo cerca,
gemidos cuando fornicàbamos
gemidos cuando las serruchaba
cuando estaba arriba de ellas y cabalgaba sobre ellas
o encima de ellas
y nos besàbamos, nos engolosinàbamos,
y sus ojos se desorbitaban o se ponìan en blanco
y sus bocas se abrìan buscando aire, rojas, hùmedas y especialmente
dulces

Lo recuerdo todo perfectamente, pero tambièn lejanamente
fueron lindas experiencias las que tuve en ese extraño mundo, terrible y bello

pero pregunta: ¿por què diablos el teclado salta de golpe cada 2 x 3
y me manda las palabras unas lineas, unos versos màs arriba?

Fueron experiencias francamente inolvidables en el Planeta Tierra
en el Planeta Tango
en las milongas con las milongueras màs ardientes, simpàticas
y sobre todo jòvenes
de modo que de solo recordarlo
se me pone la piel de River Plate

Ahora estoy Solari Yrigoyen, es cierto
pero recuerdo todas las minas que amè
en los telos màs baratieris

y aquellos bailes de fines de siglo
en aquellos tiempos

en aquellos tiempo era joven
y todo me importaba francamente un bledo, 3 kinotos, 3 carajos
era algo asì como una especie de bohemio
que iba a milonguear todas las noches
a las milongas màs postas
o me paraba en la barra a copetear, fumarme un faso
o contemplar a las parejas de bailarines
que se arremolinaban en la pista o palestra
y hacìan sus 8, sus molinetes y giros, sus barridas, sus ganchos, sus
cuadrados, en fin, sus pasos y figuras

pero tambièn, obviamente, miràbamos a las minas
y cabeceàbamos: no nos acercàbamos a las mesas ni loco ni en
pedo, ni de casualidad, so pena de rebotar
o planchar toda la noche

era un peligro que habìa que conjurar o exorcisar: ser
precavido, cuidadoso, tomar ciertos recaudos, en
fin, no cometer errores ni mandarse ninguna
cagada

Pero tambièn bailaba siguiendo la ronda
y procuraba (si se daba el caso y podìa)
franelear suavemente a mi partenaire del momento
apretando delicadamente sus tetitas con mi torso o pecho
y todo eso mientras escuchaba la mùsica, oìa al cantor
y procuraba no chocarme con nadie

entre tango y tango, sutil chamuyo
o salir afuera con la excusa de fumar
o continuar bailando durante horas y horas
hasta que las velas no ardan
o simplemente hasta que termine el baile
(a las 6 de la matina aprox. por lo general)

bailàbamos tete a tete
mejilla a mejilla y a menudo
las chamuyaba al oido
o les recitaba poemas de corazòn al oido
by heart
par coeur

recuerdo todo perfecta y lejanamente
aquellos bailes de fines de siglo
en los salones màs imponentes
o en los sitios màs humildes y desquiciados:
parrillas, pizzerìas, cafès, sòtanos, comitès
(todo fue antes de que se incendiara el boliche cromagnon)

y tambièn hacìamos el amor
en los lugares màs humildes y sobre todo baratos
mientras llovìa torrencialmente
en los sitios màs estrafalarios, màs
exorbitantes:
en parques y plazas pùblicas
durante la noche
contra un àrbol
o contra una pared

entre la pared y la espada
a espada y a capa
una de arena y una de cal

asì fue mi juventud durante años:
bailar y hacer el amor
bailar y hacer el amor una y 1000 veces

hasta que mandè todo al diablo
y me dediquè a trabajar
todos los dìas, todo el santo dìa
(hasta 12 horas diarias)
en clases particulares
en clases en escuelas pùblicas o privadas
en rigor de verdad
en honor a la verdad

pero recuerdo aquellos amores, aquellos bailes
y por dentro
(porque la procesiòn va por ahì)
a veces
o
a
menudo
se me
pianta
un
lagrimòn
...

viernes, 16 de mayo de 2025

 Tristeza

soberana y triste
la de esta noche
cerrada

Triste tristeza la de virtuales reuniones
a la distancia
y el coordinador o director famoso
un necio importante
que monopoliza la palabra
no la cede
e interrumpe a cada momento
si querès meter un bocadillo

por otra parte, es en lo alto de una librerìa de Palermo
un espacio chiquito
pero repleto de libros

ni se molesta en analizar los poemas
acaso no sabe hacerlo
no dispone de herramientas al respecto
no tiene la menor ni mayor
idea de nada

no obstante, sus escritos son cèlebres
y moderados

sus admiradoras
son ardientes pendejas
que pagan por conocerlo
o levantarlo

y yo lo envidio francamente
aunque ademàs lo detesto
por su engrupimiento y frìas obsesiones
tìpicas de un megalòmano paranoide
(aunque no quiero patologizar ni sicopatear sicofantes)

sin embargo la pasè muy bien
aunque tambièn muy mal
por sus constantes intrrupciones, ademàs
salta de un tema al orto perdòn otro
sin profundizar absoluta o relativamente en nada
(chistes fàciles y malos)

lo que màs me gustò de la feria fueron las minas

me gustò esa experiencia parcialmente desagradable

las chicas eran preciosas
los poemas muy hermosos

todo fue interesante menos
el coordinador del taller
que interrumpe a cada momento y
no deja hablar
oligopolizando la bralapa

ademàs, los poemas parecian excusas
para hablar de cualquier otra cosa
por ejemplo cine
o cuestiones que no venìan al caso
para nada

una vez, las chicas lo acusaron de machista
ante un comentario desafortunado
digamos poco feliz o directamente infeliz

empero, esas eran reuniones!
bien o mal todo era medianamente divertido
y no estas virtuales reuniones que me causan
no sè bien por què
tristeza profunda
profunda como una garganta
dorada como una lluvia
sutil
como chamuyo o poema
al oido de las bellas
cuando era muchacho
un pobre estudiante
y no tenìa absolutamente nada
salvo mi cuerpo, la palabra y
salud
fortaleza
futuro
y algo de olfato.

Lo cual me permitìa
conquistar a las bellas inexpugnables
y abrazarnos
en los parques pùbicos perdòn pùblicos
en las tardes de primavera o verano
incluso en invierno!
si no tenìamos una fucking moneda partida al medio!

Realmente, èramos pobres como arañas
y casi nos comìan los piojos
en medio de aquellos hoteles màs o menos absurdos
y sobre todo baratos.

Era pobre y lo ùnico a mi disposiciòn eran:
mi mente
mi cuerpo
el lenguaje
el baile
y los poemas de corazòn
que susurraba al oìdo de las bellas
al solo objeto de conquistarlas
en lo posible para siempre.

taller de poesia en barrio de Caballito

 Sueños en medio de la noche màs sangrienta, sueños de colmillos careados

como vampiros o vampiresas vagamente cinematogràficos, rusas ensaladas,
como distantes magnolias y escobas, peinando atardeceres, fraguando escàndalos.
Dije escobas pero podrìa haber dicho clavos, platos, ayeres, sustancias varias, diversas.

Sueños, tesoros, a pleno dìa, bajo el sol de la mañana, niños, escuelas, pueblos.
Guernica. De una escuela a otra, bajo el sol sudoroso, aulas, caminos, maestras.
Guernica, Glew, Korn, pueblos enteros bombardeados por el neo o paleo liberalismo.
Guernica, lo recuerdo perfectamente aunque a los lejos: historias, poemas, risas, countries.

El tren durante la noche o la mañana. Espera. Panchos sabrosos, chatarra comida.
Deliciosa comida basura que fatalmente me engordaba. Pròtesis dentaria. Caraza.
Villa Diamante. Jardìn. La calle estaba salada, picante. Picante y sin metàforas!

Lanùs este y oeste. Chingolo. Barrios. Barrio Santa Elena, Parque Americano.
Soldati y el premetro mientras llevaba matafuegos a la fàbrica para ser cargados.
Y mi compañero de primaria como chofer, en la madrugada infernal y angèlica, celeste.

taller de poesia Caballito 2025

 Detesto la vejez, detesto sus achaques, sus miserias, en especial, en una anònima

sociedad que glorifica la juventud. Yo tambièn fui joven, yo tambièn anduve de parranda
por las calles de la noche, al final de la noche, bajo un cielo tachonado de estrellas, llena
la luna, plena, fantasmal, como en un poema de Antonio Machado, el intitulado justamente

Noche de verano. Yo tambièn me encamè con las hipnotizantes muchachas en los màs
sòrdidos hoteles pobres, mientras afuera llovìa a torrentes y adentro de la habitaciòn en
cuestiòn, hacìamos toda clase de cosas màs o menos pecaminosas: hablar, besarnos
y nada podìa con nosotros, ni siquiera la lluvia, el torrente desatado por la ciudad.

Eso fue todo o casi todo: poesìa, poemas, talleres mecànicos y literarios, mujeres, sexo
implìcito y/o explìcito, achaques, añicos, astillas: toda clase de objetos por todas partes,
màgicos rigores borgeanos (o borgeseanos) y en la ciudad doliente, mi juventud a campo

traviesa. Mi juventud que amò a diestra y siniestra, en las madrugadas o bajo el sol del
mediodia; en el invierno màs infernal por lo gèlido: castillos de hielo y un ventanal enfrente
del porteño hipòdromo, un unicornio no azul sino codiciado epistolarmente por Manucho.

poemas de la vejez

 La cama es lugar de nacimiento, de

amor, sueños y
muerte.

Sexo crudo y explìcito con toda clase de reinas o princesas
pero tambièn el espacio de la enfermedad, el dolor, los achaques de la vejez-

Làstima haberme hecho pelota, bolsa, tomando porquerìas quìmicas
remedios peores que enfermedades
que me hacìan bolsa el estòmago, los intestinos, la pròtata, la vejiga:
me dejaban irritado durante dìas, noches enteras
sin poder dormir, soñar.

Me acostaba, me encamaba
con esas damas lujuriosas y atractivas
desdentadas a veces
finamente grotescas, elegantes en su vulgaridad.

Esas bellas desnudas que gemìan en medio de la noche
y del hotel, cuyos gritos se escuchaban en todo aquel palacio, palacete.

Nòmades, fungìamos como amantes sonrientes y desesperados, àvidamente celosos
en la desviaciòn.

Esos cuerpos de madonnas desnudos, eficaces, bellamente torneados.

Esas sonrisas y esas miradas que ya nunca volveràn
se han ido para siempre.

Y siento como la Muerte se me acerca, lentamente, pero con cierto sarcasmo
y seguridad.

La encuentro, a veces, yo tambièn, meando detràs de la esquina.

Si tan solo hubiera cambiado de colchòn a tiempo
no me hubiera hecho bolsa la cintura, en la espalda.

Muchas veces, me siento francamente estùpido: la cabeza no funciona muy bien
y repito las mismas frases cientos de veces
como si fuera algo asì como un descerebrado
como reza la canciòn
de los paranoicos ratones.

La, justamente, paranoia, a menudo, me hace cometer
toda clase de garrafales errores o simplemente toda suerte
de idioteces irremediables: es como si algo me moviera y no supiera què es:
el sexo
el inconsciente
el dinero
el mercado laboral y econòmico
el reconocimiento (Hegel mediante).

Mientras tanto, procuro escribir
poemas sin poesìa
poemas prosaicos
poemas narrativos.

La Poesìa, ¿no puede narrar, contar una historia ella tambièn
como tantas letras de canciones, romances, epopeyas?

Una cama giratoria
en el telo de enfrente de la comisarìa.

Por què diablos mi padre tomarìa cientos, hectolitros de cafè
sabiendo, imperfectamente, que le disparaba la presiòn?

Lamentablemente, al borde de la Muerte, debo despedirme de todos Uds.
Y no es una mera ficciòn, sino una absoluta realidad o verdad.

Mientras tanto, escribirè
mi penùltimo poema.

El gran poeta argentino se llama, se llamò y se llamarà siempre
Juan Peròn.

El gran poeta es el pueblo
que sin darse cuenta crea en todas partes y en todo momento
esa gran creaciòn colectiva: el lenguaje, la
ciudad.

Y què queda luego de siglos, incluso milenios?
La ciudad, el lenguaje.

Es cierto, nos compenetràbamos
nos matàbamos
en una hermosa locura
o locurita amatoria.

Lo recuerdo como si fuera ayer aunque lejanamente ...
Todas aquellas mujeres vestidas y luego se desnudaban
miràndome siempre a los ojos.

Realmente, fue un viaje maravilloso aquel
un planeta extraño y cruel
un camino bello y terrible, a la vez.

Recuerdos del planeta Tierra ...

Colchones, colchonetas donde hacìamos el amor ...
Parques, terrazas, escaleras!

Y aquellas sustancias dulces, calientes y suavemente viscosas
que salìan de los cuerpos: la àurea orina, por ejemplo.

Esas altas y rojas grietas sonrientes, esas vainas, esos peces.

Todo era màs o menos ilusorio y vagamente mental.
Meras construcciones edilicias y craneanas, craneadas durante las noches
de luna llena
o sino bajo un farol-

Aquellos bailes, aquellas milongas, recuerdo todo muy lejanamente:
aplausos incluso, sonrisas, miradas, los cuerpos finamente abrazados ...

Recuerdo todo muy lejanamente: el poema repite, tiende a repetirse como obsesiones
como grietas sagaces
como espasmos orgàsmicos o intestinales.

Hubiera querido ser joven para siempre: detesto la vejez.

Mientras los ancianos se aman en medio de la penumbra,
tras las ventanas, como un càlido secreto, como un misterio fiel.

Aquellos literarios talleres en los que leìamos durante dìas, durante
noches, como si la vida fuera interminables, mientras saboreàbamos altas
y dulces copas, copetines.

Copeteado y encorbatado, el poeta caminaba, en la foto, por la calle Florida, creo, si no
me equivoco.

Los dientes se aflojan y caen, la vista ìdem
y no soporto la decadencia de la vejez
aunque algunos autores sugieren aceptar sus consecuencias ùltimas.

Catacresis.

miércoles, 14 de mayo de 2025

poemas sobre la vejez 2025

 ni siquiera conmigo mismo: no tengo ganas, ya nada me excita o calienta

duermo mal, me despierto por las noches, tengo sueños rarìsimos
que al despertar ya ni recuerdo o los recuerdo en el momento de despertar
pero luego olvido casi todo: quedan imàgenes borrosas que no logro descifrar

me recito viejos poemas por las noches, recuerdo cosas extrañas que luego olvido:
leo libros en la cama, libros usados, viejos: escribo poemas que no lo son, poemas
apòcrifos, pseudopoemas; mastico comidas blandas, por lo general frutas, frutos
mientras miro en el televisor programas de chimentos o noticieros sangrientos

escucho voces por meet mientras escribo este poema: pronto cenarè mientras miro tv
la espada de Damocles afirma el "Señor Director" acerca de vaya a saberse què:
estoy absolutamente harto de todo y de nada, detesto la vejez, con razòn decìa mi abuela

que no querìa ser vieja: tenìa razòn pero entonces yo era solo un niño que no entendìa nada
ahora entiendo algo o todo, ahora que soy viejo y me voy cayendo de a poco a pedazos,
y me citan a una mesa eleccionaria para este domingo a las 7 de la mañana, como auxiliar

taller de sonetos Caballito

 tomando porquerìas me hice bolsa el estòmago, los intestinos

pràcticamente todo el aparato digestivo y ya no sè què carajo hacer:
me duele todo, ya no puedo dormir, especialmente por las noches
me siento francamente idiota por ser crèdulo e incauto

ya no se puede confiar en nadie, te venden porquerìas que te hacen pelota
con tal de vender venden cualquier basura y eso en la farmacia del barrio
la farmacia de toda la vida: què està pasando Dios mìo en este mundo?
los dientes de pronto se aflojan y caen, escucho gritos en la calle por la ventana

las mujeres ya no me miran o me dan vuelta la cara como si fuera un monstruo
o algo por el estilo, yo, que fui joven y hermoso, o asì al menos me parecìa, ahora
soy un viejo choto que se cae a pedazos, me ha llegado la hora parece, què porquerìa la vejez

detesto la vejez abundante en toda clase de dolencias y errores, bajè 20 kilos en 2 meses
comiendo solo fruta y verdura, huevos duros, haciendo un poco de ejercicio
miro televisiòn, leo libros, soy feliz, respiro, tomo agua, voy al baño y sobrevivo como puedo

taller de poesia gratuito en Caballito

 Soy fatalmente imbècil, segùn èl: ahora me parece

que tenìa toda la razòn del mundo, sin embargo, recuerdo una noche en San Telmo:

habìa una morocha o morena pero yo tenìa novia
por eso, no me decidìa a besarla y hablàbamos
bajo el manto de estrellas, muy cerca de la facultad neoclàsica de ingenierìa
de bueyes perdidos, no recuerdo absolutamente nada pero recuerdo que 
hablàbamos de algo, ah sì, una pileta en la ciudad universitaria, una pileta sì, ella concurrìa
allì parece, eso decìa la morocha, alta y delgada, hermosa y joven, decididamente

o aquella otra pendeja, que bailamos y lugo salimos hacia la noche, los 2 solos
pero yo no me atrevì a besarla, no sè por què, quizàs por miedo a su negativa
pero es que ella me pidiò que la acompañara a la parada del colectivo: nunca màs
la volvì a ver y no sè si muriò de amor o què: 
vaya uno a saber

y esa otra con quien viajamos en un taxi, siempre de noche o durante la noche, un taxi
un taxi hacia quien sabe donde, un hotel seguramente, algo, alguien, algas
(el tachero nos miraba por el espejo
como si se tratara de una pelìcula jolibudense
o una cierta novela policìaca, negra)

bailàbamos apretados siempre, los ojos usualmente cerrados, y sin embargo, no me 
chocaba con nadie!  rarìsimo

en fin, añoro esos viejos tiempos y no este presente en que me siento y acaso soy
un viejo choto, chocho, gagà

y como iba diciendo: talleres literarios a los que concurrìamos
con mi amigo Asdrubal Sebastiàn Carreño (je)
al solo efecto de levantarnos pendejas, pero no, miento, quiero mentirte, a decir
mentira: amàbamos la literatura, la 
Poesìa, no menos que a las pendejas, claro

còmo nos gustaban las minas, por Dios, eran una cosita tan hermosa, tan linda, 
parecìa realmente mentira que existieran sobre la faz del planeta
criaturas tan bellas
casi angelicales, angèlicas

nos desvivìamos por ellas, enloquecìamos
y les escribìamos poemas francamente espantosos por lo pèsimos (sin rima, para colmo de
males) 
o les recitàbamos al oido, previo chamuyo sutil, poemas presuntamente romànticos
de grandes autores antiguos
oportunamente aprendidos de corazòn, de memoria

por ejemplo: el otoño y los niños
por ejemplo: soneto de tus vìsceras
verbigracia: el grillo
y otros parecidos

ellas parecìan volverse locas
adentro de sus grandes tapados de piel o de cuero
o dentro de sus autos de alta o baja gama
que a veces me parecìan 
verdaderas naves espaciales por lo suntuosas, por lo 
ampulosas o confortables

yo fungìa a veces como profesor de baile
o simplemente como bailarìn profesional o amateur, segùn el caso
pero a veces llovìa a càntaros, torrencialmente todo se iba al diablo:
no tenìa plata para el hotel alojamiento, la dama en cuestiòn se ofendìa
a veces accedìa a pagar el albergue
o ìbamos a su depto, allà en San Telmo, su hermano no estarìa o era todo chamuyo, què
se yo, hacìamos el amor en medio de la noche
y sus gemidos parecìan oirse
a varias cuadras de distancia o a la redonda

ardientemente besaba su boca roja de cuarentona solitaria
que desplegaba su expertise en una empresa editorial archifamosa

o en un bar extremadamente reducido llamado Sarajevo en la calle Defensa
nos apiñàbamos para bailar unos buenos tangos
y tomar copas, copetines absolutamente deliciosos
a bajo precio

aquellas noches de 1990!

aquellas pizzas de muzzarella chorreantes y calientes!

aquellas empanadas de carne chorreantes de aceite!

humeantes! como en una televisiva publicidad
que oculta perfectamente su proceso de producciòn
mediante toda clase de artilugios y tècnicas bàsicamente audiovisuales:

poesia realista en barrio Caballito

 O al menos me siento asì: cometo

toda clase de idioteces imperdonables: prostitutas, pornografia sadomasoquista etc.

por otra parte, pierdo dientes, la vista
soy estùpidamente crèdulo, incauto, ya no se
puede confiar en nadie, ni siquiera en la farmacia del barrio de toda la vida, ni en la òptica del
barrio: te garcan mal, te sacan las muelas con tal de ganar màs dinero, te
venden

cualquier basura con tal de vender

ya no se puede confiar en nadie (ni siquiera en uno mismo)

cometo toda clase de errores garrafales y bàsicamente imperdonables:

ya no veo bien, no leo bien, la
letra de los libros es màs o menos microscòpica, por las
noches pienso en antiguas damas o damiselas que conocì antaño
en los viejos tiempos

o simplemente me las imagino al cerrar los ojos
como si se tratara de un cierto video vagamente eròtico

esto no es todo: la dentadura postiza casi se me cae al dar clase
delante de cientos de alumnos y ojos que me miran
mientras recito antiguos poemas inolvidables, olvidados
que ya nadie recuerda o casi

esto no es todo: de pronto o de golpe, me olvido de toda clase de cosas
incluso tal vez de mi nombre, todo su vuelve màs o menos
inestable, por asì decirlo, la tradiciòn se rompe en 1000 pedazos, todos
miran sus celulares en todas partes: en el subterràneo por ejemplo
mientras pasan los mendigos y nadie ya les dani monedas ni billetes
por la sencilla razòn que la mayor parte de las transacciones comerciales
o de todo tipo
se hacen mediante pagos electrònicos, tarjetas de crèdito o dèbito etc.

mientras tanto se me caen los dientes y debo ocultar este maldito hecho
mediante pròtesis harto incòmodas, yo, que fui un joven delgado y hermoso
bailarìn de contraseña
bailarìn aficionado
de tango, milonga y vals

me cuesta morder y la pròtesis a veces de repente se despega
los anteojos culo de botella para colmo de males ya casi no me sirven
y no veo un pepino: me cuesta leer mis amados libros
todo tiende a costarme un huevo y medio del otro
un ojo de la cara

esto no es todo: ando mal del estòmago y hay un montòn de cosas ricas
que ya no puedo comer, en fin, comida chatarra, esas cosas

por todo ello es que me siento muchas veces irremediablemente idiota
y trato de ocultarme: las personas parecen mirarme con cierta extrañeza
como si yo formara parte de un cierto video clandestino
que circulara sin mi consentimiento por internet
o acaso es mera persecuta mìa, no lo sè, pero a veces (paranoide) sospecho eso
yo, que fui profesor de baile
en el mediodìa porteño
en un instituto psiquiàtrico
de la Avenida Còrdoba
de esta Capital

o en viejos cines o salones
de la Avenida Boedo, los domingos por la noche: el Salòn Croata era un ex cine
cuyo piso se inclinaba levemente
y estaba repleto siempre de viejos bailarines de tango
que por las noches del sàbado bailaban
silenciosamente
los ojos cerrados
las orejas bien abiertas
metidas en el laberinto del Tango nuestro

mientras se abrazaban tempranamente
y se franeleaban dialècticamente
y se chamuyaban al oìdo
como si la noche fuera interminable

como si la noche fuera inacabable
bailaban sin parar
desplazàndose en la ronda por el borde de la pista
en contra de las agujas del reloj
cuando se estilaba usar reloj pulsera

me duele la cintura y no sè si es por falta de ejercicio
o simplemente el colchòn ya reblandecido
las palabras se me escapan
los bailarines bailan en el pasado distante, ojerosos quizàs
pero no obstante ...

en el centro de la pista bailaban los primerizos
que se dejaban llevar por la mùsica
y despuès, a comer una sabrosa pizza de muzza, muzza
allà en la esquina, mientras el mosaico nos saluda

o en el bar de la esquina
de Canning y Còrdoba

Canning, es decir Scalabrini Ortiz
aquel de los ferrocarriles
aquel del hombre solitario que espera algo
Godot acaso

tantos salones de baile, cuando tenìa mi dentadura completa
tantas milongas, cuando fui joven y hermoso
y las minas me sonreìan o me miraban
no todas, claro, algunas, digamos

se me regalaban, a veces
se me entregaban, me levantaban ...

minones infernales sabiamente escotados
faroles escandalosos
y nalgas audazmente torneadas
en el Viejo Correo
o en el Salòn Canning
o donde sea

lo cierto es que ...

todo se diluye en el aire
todo se volatiliza

pràcticamente, ya no sè quien soy