Descartes me interesaba muchìsimo, soberanamente, un filòsofo importante,
evidentemente; extrañamente, leìa el diccionario de Ferrater en la biblioteca delInstituto de Geografìa, ahora lo recuerdo, serìa por mi novia Milena Braun, que
estudiaba justamente geografìa en la facultad. Allì pasaba tranquilamente tardes
enteras mientras los futuros geògrafos leìan sus libracos; allì tambièn vi como un
profesor ciego daba clases a Milena: yo le hacìa señas a ella procurando que el otro no me
descubriera, pero ella no me daba ni 5 de pelota: efectivamente, parecìa decirme por señas
que me fuera a la mierda, que no rompiera màs las pelotas, las guindas, los quinotos.
En efecto, me fui ese dìa, pero otros dìas volvì, claro que volvì allì: era un lugar re tranqui
(o tranca, como dicen ahora) y a la tarde temprano no habìa casi nadie, asì que podìa leer
tranquilo libros de filosofìa o incluso de historia, grandes y hermosos libracos, volùmenes.
Y cuando finalmente cortè con Milena, igual seguì yendo a la dicha biblioteca, y leìa un
broli tras otro, y fumaba un faso tras otro (como un escuerzo) y me sentìa el tipo màs feliz
del mundo y en efecto lo era, ahora me doy cuenta, ahora que siempre es demasiado tarde,
siempre es demasiado tarde, ahora que soy un viejo choto y las minas no me dan ni 5 de
bola, y vuelve a llover, hace 3 dìas que llueve fuerte sin parar, no para màs, no para.
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